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El poder de las redes y el daño social

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

            No son pocos los think tank que, en sus informes de riesgo acerca de   las variables de mayor influencia, cada vez ubican más a la cabeza el enorme poder de las redes sociales, a tal punto desbordante y amenazante.
            Esto ya no es el temible cuarto poder al que por décadas también se le ha esgrimido su lealtad (o deslealtad) para con sus lectores, la libertad de expresión y el periodismo.
            Los medios de comunicación al servicio del poder siempre ha sido muy cuestionado y criticado, pero han sido los lectores, televidentes y radioescuchas los que finalmente han dado su espaldarazo a aquellos que han mantenido la ética en el tiempo. Sino te gusta no lo ves, no lo lees, no lo oyes.   
            No obstante, en la actualidad de lo que estamos hablando es del metapoder y éste ha empoderado a la gente tanto para bien como para mal porque en la posverdad y las  #Fakenews  encuentran además un océano lo bastante amplio como para nadar con toda comodidad.
            Las mismas facilidades de comunicación que nos han dado Facebook, Whatsapp, Instagram, Twitter y los buscadores de Google, Yahoo y tantos otros más que van proliferando.
            En lo personal me parece maravilloso, con un instantáneo clic, tener toda  la información que uno desea también estar conectado las 24 horas los 365 días del año con la familia, los amigos, la gente del trabajo sin reparar más en distancias geográficas o bien horarias.
            Es una facilidad que agradezco y muy seguramente  lo harán igualmente miles de millones de usuarios de Internet, quizá todavía no reparamos ni en su vorágine ni en todo su potencial.
            Hay una infografía elaborada por Lori Lewis y Chadd Callahan de Cumulus Media al respecto  de lo que ocurre en el universo de la Red cada 60 segundos, algo así de trepidante según los datos de 2017: Facebook registró 900 mil logins;  Google tuvo 3.5 millones de búsquedas; Youtube 4.1 millones de descargas de videos vistos; 452 mil tuits enviados y 15 mil mensajes por Messenger entre otros más.
            El meollo es que este metapoder tiene asimismo su rostro intimidatorio y oscuro, todas las facilidades que nos proporciona cuenta con su lado negativo como una especie de doctor Jekyll y mister Hyde.
            No es únicamente el terrorismo que lo usa como coladera y para expandir su mensaje y ganar adeptos, tampoco que sea un nido de calumnias y difamaciones de despechados ex incapaces de aceptar la pérdida de un amor; ni un nido para ratas que hacen de espiar al otro su modo de vida porque en su patética existencia nada los satisface.
            El calamitoso asunto va más allá: estos días en España, sendos editoriales de personas inteligentes y preocupadas por su entorno (no todo es Cataluña y Puigdemont) analizan por qué en un pueblo de Jaén un grupo de adolescentes -de entre 12 a 14 años- pueden violar en un colegio a un niño de 9 años; también las cadenas de televisión dan cuenta de otras violaciones colectivas “en manada” de hombres organizados contra mujeres ya sea en los sanfermines o en un  cuartel militar en Málaga. Y no, no es la India.
            Algunos editoriales han puesto sobre de la mesa lo hipersexualizados que están nuestros hijos bombardeados  por todos lados de sexo y libertinaje; peor aún de todo tipo de pornografía aberrante descargable con un simple dedazo y  en cualquier dispositivo que tenga  Internet hasta de un teléfono que todo padre y madre de familia suele poner en manos de sus hijos para estar comunicados con la tranquilidad que proporciona, precisamente, la tecnología actual.
            Si esos pequeños lo  ven con su temprana edad y despertar a la vida  en las redes, ¿por qué no considerarlo normal entonces? Si hay hasta grupos de suicido colectivo, retos virales que atentan no solo contra la salud sino contra la vida misma pero que los niños, adolescentes y jóvenes toman a chunga… a juego.
            Todo se encuentra allí en la gigantesca telaraña digital –lo positivo y negativo- eso sí muchos bulos y mentiras, pero alguien debe hacerse cargo directo, responsable de los contenidos que atentan no solo contra las democracias, el statu quo, sino también contra la vida y la seguridad de las personas.
            Ellos se hinchan de dinero pero no se hacen responsables de toda la porquería gratuita disponible en Internet, ya la premier británica Theresa May ha conminado a que borren el contenido terrorista; el año pasado, de enero a septiembre, Google obtuvo ganancias por 15 mil 682 millones de dólares mientras que Facebook logró beneficios por 11 mil 665 millones de dólares.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales
@claudialunapale
 
 
 
 
 
 
 

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