Análisis a Fondo

Francisco Gómez Maza

  • AMLO está seguro de que será presidente
  • Los ex izquierdistas y los orgánicos lo odian

No cabe duda que Andrés Manuel López Obrador es ave de tempestades. No anda con medias tintas, con grises.

El tres veces candidato presidencial, o atrae con apasionamiento, o es odiado con furia.

Quienes lo ven como la otra opción política, frente al decepcionante comportamiento de Enrique Peña, quien era visto con el hombre que salvaría a México, son verdaderos adoradores. Miran a López Obrador como el enviado de la divinidad. Y son millones los que se encandilan con sólo verlo y pierden la cabeza. No son acarreados como en el PRI, partido que, inclusive, paga para que la gente haga bulto en los mítines. Los fanáticos, porque eso son, dan la vida por el candidato de Morena.

Del otro lado, quienes lo ven como como rémora, como la encarnación de Luis Echeverría, como populista a lo Maduro, como diabólico a lo Chávez, lo odian con todo. Y gastan millones para que en los medios se haga escarnio de López Obrador. Un sector de intelectuales orgánicos. Debo creer que no todos los orgánicos, y hasta periodistas profesionales y de honorabilidad comprobada, no puede concebir que el hijo de los chontales pueda siquiera imaginar estar sentado en La Silla.

Hace unos días, había yo declarado que a mí no me preocupaba tanto que México se venezolanizara. Que sí me preocupaba que los más recientes gobiernos, los de la docena trágica, y el actual discípulo de Carlos Salinas de Gortari (bueno, éste es más populista que los presidente latinoamericanos) se empeñaran en convertir a todo el país en Ecatepec, un espacio sin ley, en donde se impone la del crimen. Pues eso es lo que afirman tales intelectuales y periodistas orgánicos. Que con El Peje, México se volverá Venezuela. Y es que no pueden imaginar, inclusive ex guerrilleros de extrema izquierda, que fueron amansados por la prisión y la tortura, que López Obrador instaure un gobierno que ellos llaman populista, como si gobiernos de la derecha como el de Peña no lo fueran. Dicen que si gana AMLO se volverá al pasado que no quieren volver a vivir, cuando el PRI luchaba por la justicia Social. Ahora se auto declara de derecha o de centro derecha. E inclusive es indiferente ante los otrora sagrados símbolos patrios, como ocurrió el 24 de febrero, Día de la Bandera, que fue izada, en ceremonia presidida por el propio Peña, con el águila de cabeza.

Pero López Obrador no ceja. Trata de rodearse de los personajes más controvertidos del escenario nacional. Propone un gobierno de reconciliación.  Influyentes panistas se han adherido a su movimiento. Y empresarios de cepa, además de líderes sindicalistas. Este fortalecimiento de la candidatura del morenista puede a los priistas. Sobre todo a los priistas. Y a los intelectuales orgánicos de una izquierda extraña que más parece una cueva de amargados.

Ese es López Obrador. El amado y el odiado. No estoy seguro que vaya a ser presidente de la república. El gobierno priista tiene la estructura gubernamental para que su candidato sea declarado ganador por el Instituto Nacional Electoral, exactamente como ocurrió con la gubernatura del Estado de México. Sus seguidores, empresarios, políticos, académicos, de izquierda, de derecha, de centro, están totalmente seguros de que Andrés Manuel será el presidente de México a partir del próximo primero de diciembre. Los publicistas del PRI le están haciendo una muy eficaz propaganda.

analisisafondo@gmail.com

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