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Partidos desaparecidos cuestan al país 4 mil mdp

Casi 4 mil millones de pesos costó financiar a los dos partidos nacionales condenados por el electorado a la pérdida de registro este año: Nueva Alianza (NA) y Encuentro Social (PES).

Por no alcanzar 3 % de votos en por lo menos una de las elecciones federales (a la Presidencia, el Senado o la Cámara de Diputados) los dos desaparecerán de la escena electoral nacional, aunque conservarán su registro en algunas entidades.

NA fue fundado en 2005 y vivió 13 años, en los que recibió financiamiento por 2 mil 977 millones de pesos.

Compitió en cinco elecciones federales, y sólo ganó un distrito de mayoría. En total logró 36 diputaciones y dos senadurías, todas plurinominales. Sus éxitos fueron las gubernaturas, en las que triunfó siempre coaligado.

El PES duró cuatro años en la vida política, durante los cuales recibió prerrogativas por mil millones de pesos.

Participó en dos procesos federales: en 2015 ganó ocho diputaciones plurinominales, ninguna de mayoría, y el pasado 1 de julio, gracias a su alianza con Morena y al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ganó 56 diputados, de los que 26 se fueron a Morena.

Así, ambos partidos recibieron 3 mil 977 millones de pesos en prerrogativas federales, además de spots, franquicias postales y otros beneficios, como financiamiento en los estados.

Llegaron al mismo final, pero por diferente vía: NA se alió con la coalición gobernante (PRI-PVEM) y fueron derrotados. El PES se unió a Morena, el gran triunfador de 2018, pero tampoco le alcanzaron los votos para sobrevivir.

Fuera de lo electoral, sobre el paso de NA y PES por la escena política hay opiniones divididas, y su huella legislativa es, por decir menos, difícil de identificar.

Por eso hay quien ve su extinción como una buena noticia, pues fueron “oportunistas políticos”.

En contraparte, hay quien considera que se dejó sin voz a sectores sociales que no están representados en las fuerzas políticas existentes, por lo que es probable su regreso.

Con la inversión de casi 4 mil millones de pesos se podrían pagar dos años consecutivos del presupuesto anual de la Conade, que equivale a 2 mil 100 millones de pesos.

Pérdida para el sistema

El politólogo Nicolás Loza Otero, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), reconoce de entrada que su opinión no es popular, pero “no hay nada que celebrar” con la desaparición de ambos. Admite que existe una opinión mayoritaria que se opone a los partidos y a su financiamiento, y cuando se liquida a uno “hay una tendencia dominante a festejarlo y decir ‘nos deshicimos de parásitos o de vividores del erario’”.

Esa es una realidad parcial, dice: “En una democracia liberal como la mexicana, donde vence el que tiene más votos, es derecho de las minorías organizarse, tener representación y hacer propuestas, y el Estado debe proteger a sus minorías, sus derechos de opinión y manifestación, siempre que alcancen 3% de votos”.

En este caso, explica el investigador, no lograron ese umbral pero esas minorías existen, no son una invención y “que no tengan registro es relativamente circunstancial. Es importante saber que en las democracias liberales se deben proteger a las minorías y darles oportunidad de convertirse en mayorías”.

El especialista precisa que a diferencia del PES o NA hay otros partidos cuyas bases e ideologías no son claras. “El [Partido Verde] PVEM, por ejemplo, empezó usando el nicho ecológico y con una política pragmática u oportunista, creció, no está en riesgo su registro y, sin embargo, no sabemos qué tan genuina sea su representación ecologista. Del [Partido del Trabajo] PT podemos decir lo mismo, no se identifica claramente a las minorías a las que representa.

“En cambio en el caso del PES, sí. Claramente se trata de una minoría de políticos cristianos que así se autoidentifican, se organizan y quieren influir en la vida pública y eso es válido”, comenta.

En el caso de NA, recuerda, surgió de una alianza de profesores del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cercanos a Elba Esther Gordillo y, por otro lado, con un grupo de jóvenes (Conciencia Política) que se definían como liberales, identificados con el ITAM.

Al final, terminó distanciado de Gordillo, pero no sin dejar de apelar a los profesores y definirse liberal. La muestra fue cómo ante posturas conservadoras del abanderado del PRI al Gobierno capitalino Mikel Arriola (contra el aborto o las uniones homosexuales) Nueva Alianza optó por ir solo.

“NA y PES sí tienen una identidad, es minoritaria pero auténtica; sin embargo, en medio del terremoto político no lograron sobrevivir”, por eso, indica Loza Otero, es probable que vuelvan a resurgir, “porque cristianos y maestros y liberales que quieren hacer política lo seguirán haciendo, incluso desde otro partido o fundarán uno”, dice.

Al mejor postor

En una postura opuesta se ubica el académico y constitucionalista de la UNAM, Roberto Duque Roquero, para quien PES y NA mostraron “oportunismo político y falta de un ideario político”. Además de la alianza de la que nació NA, (SNTE-Elba Esther-académicos) recuerda que el catalizador fue el inminente rompimiento de la lideresa con el PRI.

Fue por eso que en 2006 NA contendió solo, pero en los hechos apoyó al PAN y luego al gobierno de Felipe Calderón, al grado que el yerno de Gordillo, Fernando González, fue subsecretario de Educación, otros cercanos dirigieron la Lotería Nacional y el ISSSTE fue para Miguel Angel Yunes, hoy gobernador de Veracruz y quien reveló que Gordillo le pedía recursos para NA.

“Es claro que hubo un pacto político NA-PAN, lo que explica la revancha cuando el PRI recupera el poder en 2012 y encarcela a Gordillo en 2013. Luego hubo un curioso acercamiento NA-PRI en lo legislativo y, aunque regatea apoyo al PRI en 2018, finalmente se unen.

Esa historia muestra que “no hay consistencia ideológica política, sino que sirvió al mejor postor y le acabó costando caro su vaivén entre el panismo y el priísmo”, asevera.

El pragmatismo electoral del que habla fue patente en 2009, en que NA ganó en todas las elecciones locales, en unas aliado a uno y en otras, a su adversario. De 2006 a 2016 ganó 20 gubernaturas, siempre coaligado.

En Guanajuato con el PAN en 2006 y 2012; en Baja California en 2007 con el PAN y PES (en ese entonces partido local) y en 2013 con PAN-PRD; en 2009 ganó Campeche, Colima y Querétaro con el tricolor. En 2010 en Aguascalientes con PRI-PVEM, y en Chihuahua con PRI-PT, en ese año Zacatecas con PRI-PVEM, con los que triunfó en Hidalgo al año siguiente, en que estas tres fuerzas ganaron en Tamaulipas, Quintana Roo, Estado de México y Coahuila.

En 2012 ganó Chiapas con PRI-PVEM y con esos mismos en Sonora y Sinaloa en 2015 y 2016, pero también ganó Puebla con PAN-PT. En 2017 ganó con PRI-PVEM Coahuila y con esos partidos más PES, el Estado de México. En este 2018 solo o en alianza perdió todo.

En el caso del PES “tiene un perfil claramente conservador, pero ese ideario estuvo de adorno”, pues se sumó a Morena con “tintes ideológicos opuestos, lo que dio una alianza grotesca”. Por todo eso, remata, “no son partidos que dejen una huella positiva o tengan sello propio. Son partidos camaleónicos y creo que es merecida su desaparición”.

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