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Control de precios una mala “ocurrencia”

Por Víctor Barrera

La semana pasada manifesté que escasez es igual a inflación, pero esto es aun más terrible para las familias que menos tienen porque no pueden comprar los productos básicos para mantener una buena alimentación.

La escasez tiene dos vertientes, la primera es precisamente por la falta de producción, es decir no hubo la siembra suficiente y este no dejo  la cosecha para surtir siquiera al mercado interno.

La segunda proviene de la especulación que los productores o intermediarios hacen de los productos, derivado principalmente por la intención de sacar mayores ganancias en la venta de sus productos.

Otra vertiente es originada por decisiones de un gobierno que no puede aminorar la presión inflacionaria y la solución que tiene a la mano es la peor, el control de precios.

Cuando existen otras soluciones para intentar resolver estos problemas, la primera es  invertir más recursos públicos al sector primario, para producir mayor cantidad de alimentos, esto provocaría una mayor oferta de productos y la consecuencia directa seria la venta de estos a precios justos.

Lamentablemente esta solución esta lejos en nuestro país, este gobierno federal ha apostado más en la construcción de sus grandes proyectos sin resolver antes el problema de la alimentación.

Este gobierno piensa que el sacrificar miles de millones de pesos en subsidiar el precio de las gasolinas, antes que producir alimentos.

Ahora este fin de semana otra “ocurrencia” del gobierno es realizar el control de precios,  medida que es regresiva y perjudica a quienes  dice trabajar por ellos, los más pobres.

Esta medida nos regresa a las soluciones del populismo de los años 70 donde el gobierno  señalaba cual era el costo más alto de los productos y provoco que en muchas ocasiones  estos productos desaparecieran de los estantes, porque era preferible  venderlos en el exterior que venderlo a bajo precio entre los mexicanos.

 En este momento López Obrador debe priorizar que lo más importante es la alimentación de la gente, antes que la imagen de su gobierno, que el utilizar recursos para subsidiar  los combustible sale doblemente caro y los alimentos siguen con precios elevados.

Debe reconocerse que los precios de los productos agropecuarios los impone el mercado y no se dan por decreto, que los precios de estos productos derivan de varias circunstancias y principalmente en el costo de su insumos, los cuales si puede proveer el gobierno federal.

México ha dejado de ser un productor de granos porque se ha utilizado la tierra de cultivo para otros propósitos.

Establecer  topes a los precios, bajo las circunstancias actuales, sería un error que rápidamente pasaría la factura a este mismo gobierno.

Porque la escasez de alientos no solo presionaría la inflación, si no también provocaría un malestar social que se convierte en un elemento negativo políticamente hablando.

Sin embargo a veces el ego de una persona es mayor a las necesidades de muchas otras y esto provoca  daños colaterales  de largo plazo, como las crisis que vivimos desde los años 70 hasta finales del siglo anterior.

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