Considerada como una de las 30 regiones de emergencia sanitaria y ambiental que hay en el país, la cuenca del río Atoyac, padece hoy un severo problema de contaminación ambiental, ocasionado por el crecimiento desordenado de asentamientos industriales, principalmente de los sectores metalúrgico, químico y automotriz, así como habitacional. La llamada cuenca del Alto Atoyac (CAA) está delimitada al oeste por los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl; al este, por el volcán La Malinche; en la parte norte, la Sierra de Tlaxco y, al sur, termina en Valsequillo.
El río nace en la sierra nevada de Puebla, recorre 237 kilómetros por 70 municipios de Puebla (22) y Tlaxcala (48) y descarga sus aguas en la presa Manuel Ávila Camacho, mejor conocida como Valsequillo, al sur del municipio de Puebla, en los límites con Cuautinchán, Tepeaca, Tzicatlacoyan, Mixtla y Santa Isabel Tlanepantla. En su área de influencia viven alrededor de cuatro millones de persona.
Se divide en cuatro subcuencas que llevan el nombre del río o cuerpo de agua en el que drenan sus aguas: río Atoyac, río Zahuapan, río Alseseca y Presa de Valsequillo.
Según la organización Dale la cara al Atoyac, 24% del agua del efluente proviene del Popocatépetl e Iztaccíhuatl y 6% de La Malinche.
De acuerdo con Omar Arellano Aguilar, profesor del Departamento de Ecología y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el proceso de devastación socio ambiental en la zona inició en la década de los años 40 del siglo pasado, se incrementó en los años setenta y en los primeros años del siglo actual, con políticas de industrialización y tecnificación de la producción agrícola con uso intenso de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes.
El «Primer reporte estratégico, Cuenca del alto Atoyac (Tlaxcala y Puebla): Región de Emergencia sanitaria y ambiental; problemática socioambiental y recomendaciones para su atención integral” realizada por el Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) destaca que la llegada de Volkswagen, en 1965, la creación del Complejo Petroquímico Independencia, en 1969, o la instalación de la empresa Audi, en 2016, entre otros, son una muestra del constante incremento de asentamientos industriales en la zona.
Alicia Bárcena Ibarra, secretaria de medio Ambiente y Recursos Naturales explica que, de acuerdo con el diagnóstico realizado para diseñar la intervención, el grave problema ecológico que enfrenta esta región se debe a que en ese afluente hay 1,095 descargas de aguas residuales; operan 100 tiraderos de basura a cielo abierto; 39,000 hectáreas están deforestadas; funcionan 24 fosas sépticas y se detectaron 205 invasiones de zona federal. 97% de los sitios monitoreados registran indicadores inaceptables.
Algunos registros refieren que están en la zona alrededor de 20,400 empresas de diversos giros.
Si bien hay 254 plantas de tratamiento de aguas negras, al menos 50 están fuera de operación. Hay tres humedales naturales que requieren rehabilitación.
En la cuenca hay 264 concesiones de agua; 2,200 concesiones de agua subterránea y 572 permisos de descargas. “Todo eso hay que revisarlo”, indica la secretaria.
Al respecto, Arellano Aguilar, quien es experto en evaluación de riesgo ecológico y ecotoxicología en sistemas acuáticos explica que ese cuerpo de agua lleva más de 10 años con niveles de contaminación exacerbada.
El mayor problema no se debe a la descarga de aguas negras de los municipios por donde pasa. “Es una contaminación química derivada de las aguas residuales de la industria”.
Son mezclas complejas de sustancias químicas, además de metales pesados como mercurio, plomo, arsénico, níquel y otros contaminantes como los llamados compuestos orgánicos volátiles como tolueno, benceno, cloroformo y otros.
También hay plaguicidas, derivados de las actividades agrícolas en la zona. Todo eso se mezcla con las bacterias y la enorme cantidad de patógenos que traen las aguas negras que también recibe
De acuerdo con el informe del Conahcyt referido, la cuenca presenta tasas de incidencia, prevalencia y mortalidad de enfermedades prevenibles, mucho mayores a los promedios nacionales y son causadas por la exposición a tóxicos y procesos contaminantes de las industrias asentadas en la región.
Entre los tóxicos más importantes que identifica el reporte se encuentran: metales pesados, metaloides, compuestos orgánico-sintéticos, plaguicidas, entre otros, que son vertidos y emitidos al agua, al aire y al suelo.
Las enfermedades “con mayor carga asociada a exposición de los tóxicos contaminantes imperantes” en la zona son renales crónicas —la tasa de mortalidad en personas de entre 15 y 49 años en la zona es entre 1.4 y 4.7 mayor a la media nacional— y las leucemias infantiles y juveniles.
Los municipios tlaxcaltecas Acuamanala de Miguel Hidalgo, Mazatecochco de José María Morelos, San Francisco Tetlanohcan, Teolocholco, Papalotla de Xicohténcatl y Tenancingo, localizados al oriente de la cuenca, presentan las relaciones más significativas entre tasas elevadas de mortalidad por enfermedades renales crónicas y los niveles de contaminación más altos por compuestos orgánicos sintéticos detectados en el río.
Además, un estudio epidemiológico ambiental, que incluyó la participación de 914 personas jóvenes con una edad promedio de 13 años, identificó que más del 50% de está expuesta a agentes altamente tóxicos como arsénico, malatión, glufosinato, glifosato y picloram.
El citado informe del Conahcyt refiere que Ocoyucan, Coronango, Juan C. Bonilla, San Pedro Cholula, San Andrés Cholula y Puebla en Puebla, y Papalotla de Xicohtencatl y Tenancingo en Tlaxcala, municipios al sur de la cuenca, presentan las relaciones más significativas entre tasas elevadas de mortalidad por leucemias agudas en personas de 0 a 19 años y los niveles de contaminación más altos por metales y arsénicos detectados en el río.
Cerca de 41% de los casos de leucemias agudas en menores de 19 años en Tlaxcala y Puebla residen en la cuenca. 58% de estas leucemias son de alto riesgo.
La secretaria Alicia Bárcena Ibarra, enfatiza que el saneamiento y restauración del Río Atoyac forma parte de las 10 grandes metas en materia de Medio Ambiente planteadas por el gobierno federal para este sexenio.
Asegura que la restauración del río Atoyac, como la de los ríos Tula y Lerma-Santiago, no se va a lograr rápido, pero tiene la instrucción de la presidenta, Claudia Sheinbaum, de realizarla este sexenio.
La estrategia, —explica mientras mantiene con las dos manos las hojas de una carpeta gruesa con los planes al respecto –, es realizar el saneamiento por etapas. En el caso del Atoyac, la primera etapa se completará este mismo año. Se trata de un tramo de 54 kilómetros de longitud, que abarca cinco municipios.
Para ello se invertirán 400 millones de pesos e incluirá la recuperación de las plantas de tratamiento, reforestación, desazolve, retiro de tiraderos de basura y de cascajo, entre otras acciones.
De acuerdo con Alejandro Isauro Martínez Orozco, responsable del saneamiento y restauración, en la primera etapa de intervención se contempla la construcción o rehabilitación de las plantas de tratamiento de aguas residuales de Tlaxco, Xaltocan, Tecomalucan y Acopinalco, en las que se dará prioridad a soluciones basadas en naturaleza, como la construcción de humedales complementarios, colectores de aguas residuales, sistemas de monitoreo automatizado de calidad y cantidad de agua por medio de un centro de control en Tlaxco, así como obras para la restauración de las riberas del río, reforestación de bosque y reúso de aguas tratadas en sistemas de riego.
La cuenca se dividió en ocho bloques, tres de ellos en Puebla y Cinco en Tlaxcala y en la recuperación de todas esas áreas se invertirán alrededor de 1,076 millones de pesos. El objetivo es concluir antes de que termine el sexenio.
El pasado 22 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum acudió a la zona para dar el banderazo del saneamiento.
Ahí, dijo que lo primero que se hará será evitar la contaminación, por lo que todas las fábricas que no reciclen el agua y la estén llevando al Atoyac, “las vamos a poner en orden; van a tener que cumplir con la norma”.
Van a ser tres años de limpieza. Se van a modernizar y rehabilitar todas las plantas de tratamiento de aguas residuales, se va a limpiar, desazolvar, reforestar (38,000 hectáreas). Incluso se construirá un parque lineal, mencionó.
Arellano Aguilar llama la atención en que se ha planteado el saneamiento, lo cual está enfocado a mejorar la calidad del agua, pero debido a que llevamos alrededor de dos décadas de contaminación exacerbada, ya no se trata solamente del saneamiento, sino de la restauración de la función ecológica del río.
Eso incluye la recuperación de la cuenca en su conjunto, además de que es urgente atender los problemas de salud de las personas que viven en las inmediaciones del río.
Destaca que los municipios de la zona no cuentan con un plan ecológico territorial y todos deben contar con el propio, con el fin de que esa recuperación sea sostenida en el tiempo, además de que el acuífero está sobreexplotado.
A lo que debemos aspirar es a la restauración ecológica integral de toda la cuenca y ordenar el territorio, remarca.
Por su parte la académica de la Universidad Iberoamericana Puebla, Gabriela Pérez Castresana, subraya que el problema no se resuelve con la implementación de acciones desarticuladas, como fue cuando se implementó el Programa de Acciones para el Saneamiento (PAS) en el que se invirtieron más de 100 millones de pesos en infraestructura hidráulica, inspecciones ocasionales de descargas de aguas residuales, entre otras acciones que no lograron mejoría en los ríos.
Vemos con preocupación las acciones anunciadas en el Plan Nacional Hídrico, particularmente las relacionadas al saneamiento del río Atoyac: infraestructura, clausuras de descargas y monitoreo. Estas acciones son insuficientes porque no abordan el conjunto de vulnerabilidades que impiden el control eficaz de la contaminación de los ríos., expone en un artículo publicado hace unas semanas en La Jornada de Oriente.
Ahí , a manera de ejemplo recuerda que según la legislación en materia de agua, las industrias pueden solicitar un permiso para descargar sus aguas residuales al drenaje municipal o en ríos; en cualquiera de los casos, las descargas deben cumplir con el estándar de calidad establecido en la norma NOM–002–Semarnat–1996; NOM–001–Semarnat–2021; sin embargo, en estas normas los contaminantes son reducidos y no se incluyen, por ejemplo, a los compuestos orgánicos volátiles, que son de los contaminantes industriales de mayor impacto en la cuenca del Atoyac, como el benceno, el cual es un carcinógeno reconocido. Al no incluirse en las normas, no hay forma de controlar la contaminación con estas sustancias, advierte.