En medio del caos de la operación militar que culminó con la captura y “extracción” de Venezuela del chavista Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue evidente la sincronización política entre las partes en disputa: el presidente estadunidense, Donald Trump, y los hombres fuertes del régimen que salieron ilesos del fulminante ataque.
Y esa sincronización, según analistas venezolanos consultados por Proceso, revela que lo que está en marcha en ese país, tras la caída de Maduro, es una transición pactada entre funcionarios claves del chavismo encabezados por la vicepresidenta Delcy Rodríguez y asesores cercanos de Trump, como el secretario de Estado, Marco Rubio.
De hecho, el Tribunal Superior de Justicia de Venezuela designó la noche del sábado a Rodríguez como presidenta encargada “para garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación» ante la ausencia de Maduro.
Esto ocurrió después de que ella dirigiera un mensaje a la nación rodeada de jefes chavistas como su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y los ministros del Interior, Diosdado Cabello, y de Defensa, general Vladimir Padrino.
El sociólogo de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Ignacio Ávalos, dice desde Caracas que Rodríguez parece ser la elegida de Washington para conducir una transición política negociada en la que el régimen “va a funcionar en los términos que imponga Trump”.
Esto no es una mera suposición. En la conferencia de prensa que ofreció en Mar-a-Lago poco después del mediodía del sábado, el presidente estadunidense dijo que Delsy Rodríguez se comprometió en una larga charla telefónica con Marco Rubio a colaborar con Washington para facilitar una transición política ordenada en Venezuela.
“Está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que esto funcione”, dijo el mandatario estadounidense, quien afirmó con su acostumbrada soberbia y crudeza: “Nosotros vamos a gobernar ese país”.
Además, de manera sorpresiva, el mandatario estadunidense descartó que la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, vaya a asumir la conducción del Venezuela.
“Es una mujer muy agradable, pero no tiene el apoyo o el respeto de su país”, aseguró en una declaración que sonó como un golpe seco contra la dirigente opositora. Más temprano, Machado había manifestado su disposición a encabezar un gobierno en Venezuela. Trump, sin embargo, prefirió a Delsy Rodríguez, la flamante “presidenta encargada”.
Para el escritor y analista político Hugo Prieto es lógico que Estados Unidos prefiera hacer una transición ordenada con Rodríguez, quien conoce los recovecos de un régimen en el que ha sido pieza central en los últimos años como vicepresidenta, ministra de Economía y de Hidrocarburos y operadora política de confianza de Nicolás Maduro.
Ella no solo es hermana de Jorge Rodríguez, el presidente de la unicameral Asamblea Nacional, sino pareja del acaudalado empresario de origen libanés Yussef Abou Nassif Smaili y tiene buenas relaciones con generales del Ejército, una institución que es un factor decisivo en esta crisis.
“Una transición sin que exista unidad en el Ejército y en la policía es importante para que no haya caos, saqueos y violencia”, dice Prieto.
El país, de hecho, ha estado en calma desde que las fuerzas estadunidenses consumaron el ataque y la captura de Maduro.
El profesor de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas Benigno Alarcón dice que lo que ocurriendo tras bambalinas en Venezuela es “un proceso de negociación” con Washington en el que están involucrados chavistas de niveles alto y medio y algunos militares.
Fue llamativo que Delcy Rodríguez esperara la conferencia de Trump en Mar-a-Lago para dirigirse por segunda vez a la nación –durante la madrugada del sábado había aparecido con un mensaje repudiando el ataque— con un discurso caracterizado por su épica antiimperialista (“tenemos el deber sagrado de resguardar nuestra independencia nacional, nuestra soberanía”, dijo) pero finalmente conciliador.
En esa intervención transmitida en cadena nacional, Rodríguez apareció rodeada de los hombres fuertes del chavismo: su hermano Jorge Rodríguez, líder del Poder Legislativo; los ministros de Interior, Diosdado Cabello, y de Defensa, el general Vladimir Padrino; la presidenta del Tribunal Superior de Justicia, Caryslia Rodríguez, y el fiscal general, Tarek William Saab.
“Todos ellos tienen acusaciones judiciales en Estados Unidos y es muy probable que, en esta coyuntura, van a buscar sobrevivir, algo que no está claro que pueda suceder”, dice la internacionalista Natalia Gómez.
Delcy Rodríguez será proclamada presidenta encargada de Venezuela este lunes por la Asamblea Nacional. Es probable que su hermano Jorge le tome el juramento.
En octubre pasado, el diario Miami Herald aseguró que la entonces vicepresidenta y su hermano Jorge Rodríguez negociaban con Estados Unidos, con mediación de Qatar, un plan de transición sin Nicolás Maduro, el cual les pareció “aceptable” a los asesores de Trump.
Los hermanos Rodríguez, que son de los pocos altos funcionarios chavistas que no enfrentan cargos por narcotráfico en la justicia estadounidense, se habrían presentado como figuras de continuidad institucional en ese plan, que incluía al general retirado Miguel Rodríguez Torres -quien está exiliado en España- como cabeza de un gobierno de transición.
La vicepresidenta, sin embargo, desmintió la nota del Miami Herald.
En su mensaje al país la tarde del sábado, Delcy Rodríguez apareció rodeada de otros jefes chavistas, como su hermano Jorge Rodríguez y los ministros de Interior, Diosdado Cabello, y de Defensa, el general Vladimir Padrino.
Pero el defensor de derechos humanos Rafael Uzcátegui asegura que “hasta ahora todo apunta a que hubo una negociación de Washington con los Rodríguez”.
De acuerdo con la Constitución venezolana, lo que ahora debe ocurrir es una convocatoria para realizar elecciones presidenciales en un plazo máximo de tres meses.
Para los expertos consultados en Caracas es evidente que el ataque militar del Pentágono contra Venezuela estuvo precedido de una operación política que incluyó acuerdos con mandos militares y altos funcionarios del régimen que colaboraron con las fuerzas estadounidenses para ubicar y capturar a Maduro.
De otra manera, indican, no se explica que la “guardia pretoriana” de agentes cubanos que cuidaba al dictador haya permitido su captura. Hay reportes de que varios de ellos murieron al tratar de evitar la captura de Maduro por parte de los comandos de elite del Pentágono.
“Al final fue demasiado fácil”, señala por la vía telefónica un militar retirado que radica en la zona metropolitana de Caracas y que pide la reserva de su identidad.
De acuerdo con esta fuente, el ataque contra Venezuela, en el cual participaron 150 aeronaves, entre helicópteros, drones, cazas y bombarderos, fue “extrañamente limpio” pues, según información del gobierno estadounidense, no produjo ninguna baja entre sus fuerzas y sólo un helicóptero resultó dañado por artillería antiaérea, pero nunca perdió su autonomía de vuelo.
“¿Esto qué nos indica? –plantea el militar venezolano–: que no hubo respuesta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a ese ataque”.
La defensora venezolana de derechos humanos y presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), Carolina Jiménez, señala que a pesar de los llamados que hicieron dirigentes chavistas como Diosdado Cabello y el general Vladimir Padrino para “activar” el operativo de defensa esto no ocurrió.
“La idea de que la gente iba a salir a las calles a apoyar a Maduro no se materializó, nadie salió espontáneamente a defenderlo”, indica Jiménez.
Tampoco salieron en sus motocicletas integrantes de los grupos paramilitares chavistas conocidos como “colectivos”, quienes juraron lealtad absoluta a Maduro.
Pero la directora de WOLA advierte que, aunque la captura de Maduro es “un golpe durísimo para el chavismo” y el régimen quedó “gravemente herido, esto no implica que esté muerto”.
Jiménez prevé que Estados Unidos tratará de resolver el tramo final del conflicto con Venezuela a través de la concertación política con funcionarios claves del régimen, aunque por el momento “no queda muy claro que estemos en camino de una transición institucional”.
En su conferencia de prensa en Mar-a-Lago, Trump dejó en claro que lo que menos le importa es la democracia venezolana y que, en cambio, su prioridad es disponer de las enormes reservas petroleras del país –de 303 mil millones de barriles, las más altas del mundo– a través de empresas estadounidenses que se encargarían de explorar y explotar ese recurso energético.
“Haremos que nuestras grandes compañías petroleras entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país”, aseguró.
El ataque de Estados Unidos a Venezuela está perfectamente alineado con la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, presentada por la Casa Blanca el 5 de diciembre pasado y la cual no deja lugar a dudas: el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe que plantea el documento implica el control estadounidense de América Latina y esto exige el sometimiento de los países de la región a los intereses de Washington.
Trump no quiere socios, sino “aliados confiables” que estarán supeditados a una relación asimétrica y de plena dependencia.
La doctora en sociología Estefanía Ciro, especialista en política de drogas y seguridad hemisférica, considera que América Latina sí está en presencia de “la doctrina Trump”, la cual no sólo significa la reconceptualización del precepto de la Doctrina Monroe de hace un siglo, “América para los americanos», sino una idea más autocrática: “América para Trump”.
Una de las premisas del “corolario Trump” a la Doctrina Monroe es ejercer un dominio de los recursos estratégicos de la región: petróleo, gas, agua, litio, tierras raras y coltán, entre otros, que Venezuela tiene en cantidades abundantes.
Para la internacionalista de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Natalia Gómez “a estas alturas queda claro que el verdadero objetivo de Trump con su operativo militar en Venezuela es el petróleo” y que su argumento de que se trata de una cruzada contra el tráfico de drogas y que Maduro es el jefe del Cártel de los Soles es “parte de un doble discurso”.
Maduro, señala, va ser juzgado por narcotráfico en Nueva York y “muy probablemente se ha financiado con dinero proveniente de esa actividad”, pero su captura obedece “principalmente, porque es un obstáculo para que las petroleras de Estados Unidos exploten el petróleo venezolano y por sus relaciones con China, Rusia e Irán”.
La captura de Maduro sin bajas estadunidenses constituye sin duda una victoria política para Trump, y va en línea con la Estrategia de Seguridad Nacional del mandatario.

