“La Nota” antes de irse de este mundo

Una pianista y un psicoanalista se encuentran en un momento crítico de su matrimonio, teniendo como detonante la llegada al límite de él, que a pesar de que parece tiene todo por lo que luchó en su vida, se descubre insatisfecho. 

La Nota, obra de la autora francesa Audrey Schebat, protagonizada por Tiaré Scanda y Enrique Arreola, inicia con los preparativos de un suicidio. Desde segunda llamada, él se prepara. Escribe algo y lo desecha, revisa internet para colocar bien la cuerda, hacer el nudo y poder colgarse. El actor lo hace con felicidad; murmura, guía con su mano la melodía de lo que escucha, parece inverosímil su comportamiento e inmensamente largo, hasta ser interrumpido por su esposa, que llega sin avisar. 

La situación que podría ser trágica se vuelve jocosa gracias a la reacción de la esposa que, argumentando algo aparentemente superficial -no haber dejado una nota de despedida-, se convierte en un aspecto profundo de la relación: Él está tan centrado en sí mismo, que ha olvidado las implicaciones de su partida. Magda, desde la sorpresa y la incredulidad, le reclama ese gesto y simula una llamada por teléfono a sus familiares para avisarles de su muerte. 

La obra tiene un arranque fenomenal: tragicómico y amoroso. Son dos personas que no han dejado de quererse, pero que el paso de los años los ha alejado uno del otro y han llegado a una edad en donde se plantean, con perspectiva, si están donde quisieran estar. 

La autora es ágil en el hablar de los personajes y sensible al reflejar la psicología y el comportamiento de ambos. Los conoce bien y hace que el espectador empatice con ellos. Es una situación límite, y la forma de abordarlo se sustenta en lo absurdo de la realidad, en los detalles que conforman un todo desesperanzador, derrotista, incompatible con sus expectativas. 

A lo largo de la obra se van desglosando los motivos que cada uno tiene de querer un cambio en sus vidas… o no. La pianista es una artista famosa que regresa de gira un día antes de lo esperado, porque piensa darle una sorpresa a su esposo intentando movilizar el pantano en el que se encuentran; por eso lo sorprende. Él tenía todo planeado sabiendo que regresaba al día siguiente. Él tiene muchos para qués atados al cuello, y el hartazgo por pacientes que, a pesar de tratarlos tantos años, no han podido caminar sin su ayuda. Los hijos ya se fueron de casa y ellos se encuentran enfrascados en la cúspide de su carrera, pero en montañas distintas. Se miran desde la lejanía tratando de entenderse, y todo lo construye la autora desde la ligereza, a veces demasiado ligera, pero que contacta muy bien con los asistentes. 

Son grandes actores que profundizan en sus personajes y consiguen una excelente comunicación y proyección. Juntos y de manera individual brilla su trabajo, pero en el aspecto de la comedia no son tan asertivos. La dirección de Christian Magaloni no logra el humor que requiere la comedia. Reímos poco y entendemos bien a los personajes. 

El espacio escénico de Emilio Zurita es agradable, de buen gusto y eficaz. Es práctico porque en un solo espacio está el diván del terapeuta, (¿en la sala?); y también el piano de Magda y al fondo las escaleras que se requieren para subir y bajar a las habitaciones, la cocineta para servirse una bebida, del lado derecho una ventana para ver a la paciente que no deja de acosar a su terapeuta, y del lado izquierdo la puerta de entrada donde aparece Magda y también escuchamos a la paciente y a la trabajadora doméstica al llegar. 

La Nota es una obra de teatro de muy buena factura, que entretiene y emociona. Se presenta en el Teatro Libanés y nos hace pasar un rato agradable, dando esperanza a las relaciones y a la ternura en los matrimonios.