Por Víctor Barrera
El gobierno federal envió el día de ayer a 37 “capos” de las organizaciones criminales que persisten en el país hacia Estados Unidos. El secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, justificó el hecho a través de sus redes sociales y justificó que el traslado fue a petición del gobierno norteamericano y bajo los protocolos del mecanismo de cooperación bilateral en materia de seguridad.
Este acto que es positivo resulta ensombrecido por la forma de realizarlo de parte del gobierno mexicano, porque el García Harfuch tuvo varias presentaciones en la conferencia mañanera para informar que se realizaría el traslado, pero la forma como se actuó solo siembra que dicho acto fue para congratularse con Donald Trump precisamente el día en que cumple un año en su nueva administración.
Es cierto que el sacar del país a estos operadores de las organizaciones criminales es un acto benéfico para México, pero esto no significa que la estrategia de seguridad que se esté aplicando siga destruyendo las estructuras de estas organizaciones.
Porque los presos enviados estaban encarcelados en el reclusorio del Altiplano y solamente tres de ellos eran de reciente captura, por lo que muestra que se mantiene una estrategia poco efectiva para atrapar a los verdaderamente cabecillas de estas organizaciones.
De los 37 presos, al menos en opinión de los expertos 33 son de operadores de medio nivel, quienes son prácticamente sustituidos de inmediata dentro de estas organizaciones criminales. Es decir, la estrategia que se ha aplicado va más por los operadores medios y pequeños y no lo grandes.
Esto significa que la estructura criminal no se ve minada y por ello continúa laborando dentro del país, y cada vez es más la muestra de su poderío en armas de estos grupos, que superan a las de las fuerzas armadas mexicanas.
En tanto Donald Trump sigue insistiendo que podría iniciar un ataque en tierra en México, manifestando con ello que quiere a los capos de primer y segundo nivel, no a los prescindibles. El presidente norteamericano mantiene su petición de que el gobierno federal debe entregar a los dirigentes de estos grupos crimínales y por supuesto a los políticos y funcionarios públicos que han permitido que estas organizaciones sigan laborando y creciendo en cuanto al tamaño territorio ocupado.
Las detenciones recientes y envió de capos solo demuestra que se trata de cumplir más con un objetivo mediático que el desterrar verdaderamente a estos grupos criminales. Por supuesto que esto también sirve a Donald Trump en términos políticos, pero los mexicanos también pedimos se erradiquen a los grupos criminales para que el país vuelva a recuperar su paz y certidumbre social.

