Por Víctor Barrera
Por fin se dio a conocer el nuevo Plan de Inversión de Infraestructura, que tiene como objetivo principal detonar la inversión pública acompañada de esquemas mixtos para la inversión privada, que se vuelva motor del crecimiento económico del país que se ha caído.
Ahora el trabajo el gobierno será convencer a los inversionistas para que tengan la confianza de arriesgar sus recursos solo con un “Consejo de Planeación Estratégica” en un régimen que ha demostrado su pulso autoritario.
Se espera que, de convencer a los inversionistas, el resultado sería un crecimiento del 3 por ciento anual, que es mucho más de lo que se creció en los últimos siete años.
De conseguirse este primer objetivo, de convencer a los inversionistas privados de trabajar al lado del gobierno federal, se espera lograr un capital de 5.6 billones de pesos que se aplicarían en la construcción de obra en lo que resta de ese sexenio.
Para este 2026 el gobierno ha manifestado que el presupuesto ce inversión, que se estimó en 2.5 por ciento del PIB tendrá un incremento de 1.9 por ciento para hacer un total de 722 mil millones de pesos.
Pero esta vendrá acompañada de nuevas estrategias de inversión para atraer a la privada y con ello realizar mil 500 planes de construcción en ocho sectores productivos.
Para ello se estableció que la nueva estrategia de inversión estará acompañada de nuevos vehículos de menor costo financiero y mayor transparencia.
Acompañado de una iniciativa de ley que armonice el marco jurídico y dé certeza a los inversionistas y la transparencia de observar el avance físico y financiero de las obras.
Para esto se crea el Consejo de Planeación Estratégica de Inversión, coordinado por la propia presidenta para destrabar los problemas de los proyectos. Es decir, evitar que el “papeleo” sea engorroso y lento.
Es aquí donde entra el factor clave que significa que el gobierno definirá las reglas de operación y objetivos de los proyectos. Esto último será el punto crucial de convencimiento para que los empresarios entren a la inversión de las obras.
Solo falta definir la estrategia de participación, aunque todo indica que será que hasta ahora se ha utilizado 54 por ciento de inversión pública como detonante y 46 por ciento privada con beneficios.
Esto se ve bien en el papel, pero se hace necesario que en la práctica sea tal y como se establece, con reglas claras, transparencia y motivación para el inversionista privado. De lo contrario será un plan más que no funcionará y seguiremos con una economía estancada.

