Por Víctor Barrera
La confianza es el actor determinante para que cualquier relación entre seres humanos se establezca, se desarrolle y procure resultados positivos, cuando esta confianza pierde un porcentaje aun cuando sea pequeño aparece la desconfianza que resulta un signo permanente en las relaciones y que en muchas ocasiones lleva resaltados negativos y sentimientos irreconciliables entre los seres humanos.
La desconfianza ha motivado desde problemas y divisiones familiares hasta conflictos bélicos que tiene como resultado, muerte y desorden mundial.
Lamentablemente la confianza es lo último que las personas pueden sostener porque la ambición es otro factor que se impone, casi siempre y termina destruyendo algo que podría haber sido de beneficio para muchas personas para solo centrarse en el beneficio de una sola o un reducido grupo de personas, pero aun en este grupo, la desconfianza está latente.
Cuando se pierde la confianza es bastante difícil y quizás hasta imposible recuperarla porque la desconfianza siempre estará presente y los acuerdos y relaciones establecidas podrían continuar, pero con ese dejo de desconfianza.
Esta desconfianza se encuentra presente en la iniciativa de reforma electoral enviada por el Ejecutivo y que deberá ser analizada, discutida y en su caso aprobada o rechazada por el poder Legislativo.
Sin embargo, todo indica que será rechazada porque la desconfianza saldrá precisamente de los partidos aliados a Morena y no de la oposición. Estos partidos, PVEM y PT han demostrado que se mueven más por intereses de ellos que el buscar el bien común.
Tanto el PVEM como el PT, desde su creación han sobrevivido porque se han aliado a otros partidos que les han permitido obtener espacios en el poder Legislativo, pero que no representan los principios básicos de estos partidos, sino el interés personal de cada uno de sus integrantes.
Ahora que el punto medular de la reforma electoral estuvo centrado en la reducción de los legisladores plurinominales y el disminuir el presupuesto de los partidos políticos, tanto el PT y PVEM demostraron que durante años esos factores no solo han servido para mantenerlos vivos, sino son la fuente principal que sus lideres ocupan para amasar fortunas y crear grupos legislativos sumisos.
Si estos partidos políticos, en comento, llegaran a aprobar la iniciativa de reforma electoral, solo demostrarían que su negociación basada en mantener los legisladores plurinominales y los presupuestos públicos a los partidos políticos solo es el motor de su existencia y que jamás han buscado establecer leyes que puedan servir para los grupos de personas que ellos dicen trabajar para ellos.
Una reforma electoral debe estar en función de caminar hacia adelante, para establecer caminos que nos lleven a una democracia donde el voto ciudadano sea el más importante y respetarlo el objetivo principal.
Hasta el momento no se ha logrado esta reforma, porque cada vez que se realiza alguna reforma no se va a establecer límites y procedimientos claros para respetar el voto popular, porque solo se busca el poder de los partidos políticos y no el bienestar de la población en general.
Hasta el momento, esta reforma electoral va más encaminada beneficiar la partido en el poder Morena y no a establecer una representación plural políticamente hablando.
Se habla de la reducción de legisladores plurinominales para otorgar escaños a la competitividad, lo que podría ser positivo, pero se establece que estos escaños sean otorgados a los legisladores que hayan quedado en segundo lugar, lo que beneficia de alguna forma a Morena. En cuanto al senado de la república la reducción de plurinominales y su asignación también beneficiara a Morena.
Disminuir los presupuestos a los partidos políticos solo llevará a que el partido en el poder será quien tenga mayor cantidad de recurso para poder realizar campañas políticas y otras estrategias para ganar los comicios y obtener también mayorías en segundos lugares.
Queda claro que ningún otro partido político, que no sea Morena, podría aprobar esta reforma electoral, por las inconsistencias democráticas y porque a sus aliados los lleva prácticamente a su desaparición. Por tanto, esta reforma nació sin fuerza y así deberá quedar, no aprobarla será lo pertinente y esperar que las próximas propuestas se fundamenten en el bienestar de la población y no de los partidos políticos o aspirar al partido único, para establecer la tan mencionada Dictadura perfecta.

