Son 20 días de que en el Golfo de méxico aparecio una mancha enorme de derrame de hidrocarburo, que a afectado más de 630 kilómetros de litoral entre Veracruz, Tabasco y Tamaulipas.
De acuerdo con comunidades y organizaciones hasta ahora tampoco hay certeza sobre el origen del desastre ambiental que perjudica a cientos de familias de pescadores de las entidades afectadas.
La incertidumbre en estas familias porque no saben si el crudo seguirá llegando durante el periodo vacacional de Semana Santa y aún se desconocen los impactos reales en la fauna silvestre y en ecosistemas clave, lo que incrementa la preocupación en la región.
Además cuestionan la versión que han dado autoridades como la Secretaría del Medio Ambiente, la Marina y el propio Pemex sobre el origen de la mancha de hidrocarburo.
Entre los principales riesgos destacan posibles afectaciones a los arrecifes de coral del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México, así como a los manglares de la Laguna del Ostión, los manatíes —especies bioindicadoras de la salud ambiental— y las tortugas marinas, cuyas zonas de anidación se ubican en varias de las playas contaminadas.
Las organizaciones de las comunidades afectadas han exigido a las autoridades declarar zonas de emergencia ambiental y ejecutar acciones inmediatas de contención, limpieza y restauración de los ecosistemas afectados.
También han pedido implementar planes de acción a corto y mediano plazo para mitigar los daños y recuperar los ecosistemas. Pero tambien garantizar una indemnización real para las comunidades afectadas, que hasta ahora enfrentan pérdidas económicas y afectaciones en sus actividades productivas.
Según datos ciudadanos de la Red del Corredor Arrecifal, se han identificado al menos 52 puntos con presencia de hidrocarburo a lo largo de la costa y continúan llegando rastros de chapopote arrastrados por las corrientes marinas.
El origen y los responsables del derrame siguen sin aclararse, en medio de versiones oficiales contradictorias y que son puestas en duda por expertos y organizaciones civiles.
La Secretaría de Marina (Semar) informó que existen tres posibles fuentes del derrame: un buque que habría realizado un vertimiento en inmediaciones de Coatzacoalcos, emanaciones naturales de chapopote a cinco millas de ese puerto y filtraciones en la zona de Cantarell, en la Sonda de Campeche.
Sin embargo, la dependencia reconoció que no se ha podido identificar con precisión la embarcación responsable, lo que mantiene la incertidumbre.
Días antes, el 12 de marzo, la gobernadora Rocío Nahle aseguró que el derrame no se originó en instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex), sino en un barco de una empresa privada que operaba frente a costas de Tabasco.
Explicó que se realizaron recorridos marítimos y análisis satelitales para determinar el origen: “Durante cinco o seis días barcos especializados recorrieron más de 500 kilómetros y se tomaron muestras satelitales para detectar de dónde venía la mancha”.
No obstante, esta versión fue posteriormente matizada por la Marina, lo que ha generado dudas sobre la información oficial.
En contraste, organizaciones civiles como la Alianza Mexicana contra el Fracking, que han analizado imágenes satelitales, sostienen que el derrame podría haberse originado desde principios de febrero, y no por causas naturales.
De acuerdo con estos análisis, la mancha habría iniciado entre el 11 y el 17 de febrero, cerca de una embarcación próxima a la plataforma Abkatún, frente a las costas de Campeche, alcanzando hasta 50 kilómetros cuadrados, equivalente a más de mil veces la plancha del Zócalo de la Ciudad de México.
Además, señalaron que desde el 13 de febrero ya se observaban maniobras de contención con al menos cinco embarcaciones, lo que indicaría conocimiento previo del incidente.
El derrame continuó activo varios días y posteriormente se dispersó por corrientes marinas y condiciones meteorológicas, lo que facilitó su llegada a costas de Tabasco y Veracruz.
Por el momento los daños al ecosistema tampoco muestra cifras reales y la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, ha descatado la inforamcion difndida por la comunidades sobre la muerte de tortugas, aves y delfines.
Sin embargo, la Red del Corredor Arrecifal —integrada por comunidades y decenas de organizaciones ambientales— advierte que la situación representa una emergencia ambiental, especialmente por su cercanía con el inicio de la temporada de anidación de tortugas marinas.
La red está conformada por nueve campamentos, de los cuales ocho se ubican dentro de la Reserva de la Biosfera de Los Tuxtlas, cubriendo entre 80 y 90 kilómetros de litoral. En esta zona, el año pasado se registraron más de 3 mil nidadas de tortugas, lo que la convierte en un punto clave para la conservación.
A semanas del inicio de la anidación, previsto a partir de abril, los campamentos enfrentan incertidumbre sobre el impacto del derrame.
En medio de la emergencia por el derrame de hidrocarburo, son las propias comunidades quienes se han organizado para intentar paliar la situación, a través del colectivo de la Red del Corredor Arrecifal del Golfo de México.
Junto con pobladores afectados, la red lanzó un mapeo ciudadano para documentar las afectaciones en costas de Veracruz y Tabasco, con el fin de visibilizar la magnitud del daño ambiental.
La iniciativa recopila reportes sobre manchas de petróleo y fauna afectada en playas, lagunas y zonas marinas, y se apoya en un mapa digital interactivo que permite ubicar las áreas con mayor impacto y dar seguimiento a la expansión del hidrocarburo.

