Perú elige presidente de entre 35 candidatos y un clima político dominado por el “efecto Bukele”

Los peruanos acudirán a las urnas este domingo para elegir un presidente de entre 35 candidatos que mayoritariamente defienden posiciones que van del ultraconservadurismo y el liberalismo económico de mercado a la defensa de políticas de extrema derecha y mano dura, como las que aplica en su país el mandatario salvadoreño Nayib Bukele.

Aunque las encuestas muestran una alta fragmentación en la intención de voto, los candidatos que encabezan las preferencias –la hija del expresidente Alberto Fujimori, Keiko Fujimori; el comediante Carlos Álvarez y el empresario opusdeísta Rafael López Aliaga– son ubicados por los analistas políticos muy a la derecha del espectro político.

Tras de ellos marchan el exizquierdista Jorge Nieto y el ecléctico empresario y exalcalde de Lima Ricardo Belmont.

El politólogo Carlos Meléndez dice a Proceso que en los últimos años el electorado peruano “se ha derechizado” y busca, principalmente, opciones de mano dura contra la delincuencia, como las que defiende en El Salvador el presidente Bukele.

Y esto ocurre porque, en Perú, la inseguridad se ha convertido la principal preocupación de los ciudadanos.

Una reciente encuesta de la firma Datum indicó que el 51% de los peruanos quiere un presidente con características similares a las de Bukele, mientras que el 11% mencionó al mandatario estadunidense, Donald Trump, y el 5% al argentino Javier Milei.

En contraste, sólo el 2% dijo preferir a un gobernante del perfil de la izquierdista presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

Meléndez dice que la extrema derecha y la derecha han ido aumentando de tal manera su fuerza en Perú, que “hoy, en el Perú, hay un elector bukelista” y lo que queda por dilucidar en las elecciones presidenciales de este domingo es si ese segmento de ciudadanos votará por Keiko Fujimori, Carlos Álvarez o Rafael López Aliaga.

De acuerdo con el profesor de la Universidad de Lisboa y doctor en ciencia política de la Universidad de Notre Dame, el crecimiento de los votantes de derecha constituye un cambio sustantivo con respecto a la elección presidencial de 2021, cuando en una contienda muy apretada ganó el izquierdista Pedro Castillo.

La gestión de Castillo sólo duró 17 meses, pues el mandatario intentó suprimir el Congreso y éste lo destituyó por “rebelión”, delito por el cual cumple una condena de 11 años de prisión.

Los problemas de gobernabilidad de Castillo y su inexperiencia para manejar la administración pública son mencionados por Meléndez como una de las causas que ha ido “derechizando” a la sociedad peruana.

Esto puede acabar por favorecer este domingo a los candidatos Keiko Fujimori, Carlos Álvarez, Rafael López Aliaga, aunque según todas las encuestas ninguno de ellos superará el 50% de los votos que se necesitan para ganar en la primera vuelta y los dos con mayor respaldo deberán disputar una segunda ronda el próximo 7 de junio.

Este domingo los peruanos votarán también para elegir a 130 legisladores de la Cámara de Diputados y a 60 senadores, en lo que representará el regreso de la bicameralidad tras 31 años.

En medio de la acentuada fragmentación de las preferencias electorales, la candidata que encabeza todas las encuestas es la ultraderechista Keiko Fujimori, pero su apoyo es de apenas entre 13 y 18 por ciento.

Es la cuarta ocasión en que la hija del destituido expresidente Alberto Fujimori se presenta a una contienda presidencial. Su apellido genera adhesiones, pero también un alto nivel de rechazo. Entre 2018 y 2020 ella pasó 16 meses en prisión bajo cargos de recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, pero ese episodio no la hizo perder su voto duro.

Un candidato presidencial que ha venido creciendo en las últimas semanas es el comediante Carlos Álvarez, quien es ampliamente conocido en Perú por su trayectoria de más de 40 años en programas humorísticos en la televisión, pero carece de experiencia en cargos públicos. Él se presenta como el candidato anti-establecimiento de la contienda.

Dos encuestadoras, Datum e Ipsos, ubican a Álvarez en el segundo lugar de las preferencias, seguido del empresario ultraconservador Rafael López Aliaga, quien es miembro del Opus Dei.

El jueves pasado, el presidente del partido español neofranquista Vox, Santiago Abascal, expresó su respaldo a López Aliaga y sostuvo que es “la mejor opción” para gobernar Perú y para enfrentar “sin complejos, a la izquierda criminal y a las redes de corrupción”, y para defender “el orden y la libertad».

El abogado y doctor en ciencias políticas, Eduardo Dargent, señala que Perú tiene, por un lado, una izquierda “muy retrógrada, legítima o clientelar, que combina retórica revolucionaria y formas parasitarias de uso del Estado” y, por otro, unas derechas primarias que compran el discurso antiglobalista y antifeminista de Trump, de Vox, de Milei.

Pero afirma que los candidatos conservadores y de tendencias populistas, como Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, no gozan de amplio apoyo popular, como lo demuestran los sondeos.

“Aun si ganan, no tienen una fuerza como a veces se ve con candidatos de derecha en otros países, que tienen 30, 35, 40 por ciento de respaldo –asegura–: en el Perú alguien así sería peligrosísimo porque concentraría mucho poder en un sistema quebrado”.

El profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú indica que la prioridad del próximo presidente será combatir al crimen organizado, porque un gobierno ineficaz frente a la crisis de seguridad ya no es sostenible frente a los peruanos.

Y es que 2025 fue el año más violento en la historia del país, con dos mil 213 homicidios, un 41% más que dos años antes, y esta alza ha ido acompañada de un crecimiento exponencial de las extorsiones, los secuestros y el sicariato.

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del segundo semestre de 2025, el 83.7% de los peruanos percibe a su país como inseguro y el 23.9% de la población mayor de 15 años declaró haber sido víctima de algún delito en ese periodo.

En un país que ha tenido ocho presidentes en los últimos 10 años por la facilidad con que el Congreso puede destituir mandatarios, muchos peruanos se preguntan si el gobernante que resulte electo en estos comicios o en la segunda vuelta del 7 de junio podrá concluir su mandato.

Incluso algunos medios de comunicación se han dado a la tarea de indagar sobre los perfiles de los candidatos vicepresidenciales que acompañan a los aspirantes a la presidencia ante la eventualidad de que alguno de ellos acabe gobernando al país.

En Perú, el reemplazo inmediato del presidente es el vicepresidente y eso ocurrió, por ejemplo, cuando el 7 de diciembre de 2022 Pedro Castillo fue destituido por el Congreso y relevado por su vicepresidenta, Dina Boluarte, quien acabó gobernando más tiempo que él a pesar de que ella también fue depuesta el 10 de octubre de 2025.

En un sistema político como el peruano, caracterizado por la fragmentación de los partidos, “un escenario como el de las vacancias de Castillo, de Boluarte y de Jose Jerí (quien reemplazó a esta última) es perfectamente posible”, dice la abogada y analista política María Gabriela Castillo.

Explica que, aunque el sistema cambiará de unicameral a bicameral en esta contienda, las fuerzas políticas que obtendrán curules tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado quedarán igual de fraccionadas que la última década.

“Tenemos partidos tradicionales muy desacreditados, que carecen de legitimidad y que son incapaces de dar estabilidad política al país, y hay pequeños partidos que se venden al mejor postor a cambio de puestos y contratos en el Estado, y unos y otros han creado una partidocracia parlamentaria que se une en función de sus intereses para tirar a un presidente”, señala.

En el nuevo sistema bicameral, además, será el Senado el que tenga la facultad de declarar vacante la presidencia aludiendo causales tan vagas como “incapacidad moral permanente”.

Y el Senado que resultará electo este domingo será “casi una réplica del Congreso unicameral que tenemos hoy en día”, dice Castillo.