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46.4 millones de personas no ganan lo suficiente para comer y los programas sociales excluyen a 61% de hogares más pobres: ACFP

Los nuevos datos de pobreza laboral difundidos por Coneval confirman que la raíz de la pobreza es laboral: 36% de la población, 46.4 millones de personas, carecen de ingreso laboral suficiente para superar la pobreza extrema. (1)

La reducción de 39.6% a 35.8% entre 2019 y 2024 es un avance, pero de ninguna manera permite echar las campanas a vuelo. Todavía más de la tercera parte de la población no gana lo suficiente para comer. Su ingreso laboral es inferior al costo de la canasta alimentaria; es decir, no superan el umbral de la pobreza extrema.

La reducción entre 2019 y 2024 son 3.8 puntos porcentuales en 5 años, esto es 0.75 puntos por año en promedio. De continuar esta tendencia al mismo ritmo, se requieren 47 años para erradicar la pobreza laboral. Es decir, para que ya no haya personas que ganen menos del costo de la canasta alimentaria para su familia.

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza ha insistido en que la raíz de la pobreza es estructural y para afrontarla se requieren acciones y estrategias distintas a las que se han implementado sexenio tras sexenio; pues está documentado que los programas de transferencias monetarias son un paliativo, no la solución. Ningún programa social o de transferencias puede sustituir al trabajo en condiciones dignas como vía para la superación de la pobreza.

Y eso requiere concertación y diálogo social. No se puede lograr por decreto. Hasta ahora el incremento al salario mínimo general no cubre lo necesario para que una persona pueda sostener a su familia por encima de la línea de pobreza. Se ha postergado su recuperación en todo el país, salvo en la frontera norte, donde hace ya 2 años alcanzó el nivel suficiente.

También se han postergado las acciones que permitan la incorporación de mujeres y jóvenes al trabajo formal en condiciones dignas, al no aprobar la creación del sistema de cuidados para facilitar la incorporación laboral de mujeres y al priorizar las transferencias monetarias en lugar de una real capacitación y formación para el trabajo para jóvenes.

Y es que las transferencias monetarias no pueden sustituir a los servicios de educación, cuidado, salud o capacitación para el trabajo. En todo caso son complementarias y funcionan siempre y cuando lleguen a quienes más lo requieren. Actualmente sólo 39% de los hogares más pobres recibe algún programa de transferencias gubernamentales; es decir, 6 de cada 10 hogares de menor ingreso están excluidos (61%). (2)

Además de que hay evidencia empírica y denuncias sobre su sesgo de selección, sobre el uso clientelar y electoral practicado por los operadores políticos con la estructura de los “servidores de la nación”. También han aparecido denuncias fundamentadas de posibles desviaciones de los recursos y registro de beneficiarios “fantasma”.

En realidad, no hay programas de cobertura universal, salvo las pensiones para personas adultas mayores. El resto de los programas están focalizados, sólo que la selección no se hizo con criterios objetivos y transparentes.

El resultado es que los programas cubren sólo una parte de su población a la que están destinados (población potencial). Para ser universales los programas deben cubrir a toda la población potencial (más del 95%).

No es el caso. El programa de apoyo a madres trabajadoras que sustituyó al de estancias infantiles, y que pudiera incrementar la inclusión laboral de mujeres, cubre al 2% de su población potencial. Y Jóvenes Construyendo el Futuro, que debiera facilitar la inclusión laboral de jóvenes fuera de la escuela y sin trabajo, cubre al 6% de su población potencial. (3)

La pobreza laboral se mantiene tan alta porque la participación laboral femenina sólo ha crecido 2 puntos porcentuales en estos 5 años. A inicios de 2019, el 43.7% de las mujeres tenían trabajo y a inicios de 2024 se incrementa al 45.9%. (4) De hecho, México ocupa el lugar 132 en una lista de 184 países por su baja participación laboral femenina. Esta exclusión reduce el ingreso laboral de los hogares.

La participación de jóvenes en el empleo formal tampoco ha aumentado. En 2019 había 6.6 millones con puestos de trabajo registrados en el IMSS y en 2024 son un poco menos: 6.4 millones. El empleo formal no ha aumentado para jóvenes pese a las transferencias de Jóvenes Construyendo el Futuro, que reporta haber apoyado a más de 2.8 millones estos 5 años. (5)

En este contexto, Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, organización de la sociedad civil no partidista, presentó a las candidaturas presidenciales 5 propuestas para ir a la raíz de la pobreza, que en este contexto resultan aún más relevantes:

1. Un nuevo acuerdo laboral, que vincule mejores salarios y condiciones de trabajo con aumentos en la productividad, con base en el diálogo y la concertación.

2. Crear un sistema de protección social universal, no condicionado al trabajo, para el acceso a servicios de salud, cuidados y garantía de ingreso para personas con discapacidad o sin trabajo.

3. Creación del sistema de cuidados, con infraestructura suficiente: estancias infantiles, escuelas de tiempo completo y otras modalidades de cuidado.

4. Política integral de empleabilidad para jóvenes que ofrezca educación técnica adecuada, capacitación, formación en habilidades socioemocionales y otras acciones de vinculación con las ofertas de trabajo, especialmente para jóvenes con rezago educativo y barreras de empleabilidad.

5. Fomento a la economía social, especialmente en las zonas indígenas y rurales marginadas, mediante fondos de inversión, canales de comercialización y apoyos de capacitación y asistencia técnica.

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza considera que en el país existen las condiciones para lograr un cambio de paradigma para erradicar la pobreza laboral y que en este propósito nacional es necesaria la colaboración para sumar todos los esfuerzos, sin banderas de partido.

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