Por Víctor Barrera
Es negativo que el sentir de Claudia Sheinbaum siga una postura de enfrentamiento como lo demostrado en sus declaraciones donde pidió al embajador de Estados Unidos no entrometerse en México.
Posiblemente claudia Sheinbaum, aun envuelta en la euforia del domingo pasado, donde la gente que asistió a la celebración del segundo año del triunfo electoral, le aplaudía y vitoreaba cada palabra. Le ha hecho perder un poco la cordura y sensatez
Porque de alguna manera diplomática pudo haberle contestado al embajador estadounidense que lo único que pidió fue dejar de politizar las cosas y establecer un diálogo entre ambas naciones para dar soluciones a problemas comunes. Lo que hizo Cladia Sheinbaum, fue precisamente politizar hasta esta sugerencia.
Es cierto que México quizás, es el país con más Tratados, Acuerdos y Alianzas comerciales firmados en un mundo cada vez más fragmentado geopolíticamente, el diversificar relaciones comerciales no solo es positivo; es una necesidad estratégica.
El comercio internacional, cuando se aprovecha correctamente, abre beneficios. Como el generar inversión, impulsa productividad, mejora acceso a tecnología y permite elevar niveles de bienestar en la población además de convertirse en un motor de crecimiento y desarrollo económico.
Pero justo ahí aparece el problema, porque no solo la apertura comercial es como se garantiza el desarrollo, sino se requiere de otros factores que acompañen esto. Uno de los principales es la certidumbre que ofrecen las naciones para que las inversiones se conviertan en empleo bien pagado y desarrollo de largo plazo. Y hoy México no presenta esa garantía de certidumbre, por las decisiones legislativas y políticas tomadas que hacen pensar a los inversionistas a colocar sus capitales en nuestro país.
Esto hace que cualquier acuerdo comercial deje de ser favorable porque nadie está obligado a invertir en un país con incertidumbre y falta de respeto al Estado de Derecho. Entendemos, y espero que así lo entienda el gobierno federal, una nación aislada y cerrada logra desarrollos enormes y por ello debe garantizarse que los acuerdos comerciales respetaran.
Hoy, alrededor del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas siguen teniendo como destino Estados Unidos. Y esto hace que la integración económica con ese país no es superficial; es estructural. Han sido décadas de cadenas de valor compartidas, logística integrada, manufactura regional y cercanía geográfica hacen que diversificar comercio no sea un proceso rápido, sencillo ni automático.
Además, la realidad de México, repito, no ofrece dos puntos importantes que los grandes capitales internacionales piden la certeza jurídica y económica. Esto se ha convertido en problema. Porque los inversionistas no toman decisiones multimillonarias únicamente porque México es la entrada comercial a Estados Unidos. Sino evalúan la estabilidad institucional, seguridad, el Estado de derecho, capacidad regulatoria, disponibilidad de capital humano y el futuro político de nuestro país. Mientras que esto no se garantice los niveles de riesgo siguen presentes.
El gobierno federal debe buscar que el nearshoring, la infraestructura que se ofrece, la seguridad y la certidumbre sean factores predominantes para poder aprovechar el estar al lado de la principal potencia económica del mundo. Pero el seguir abriendo discusiones con el gobierno de Estados Unidos no llevará a México desarrollarse adecuadamente.
Posiblemente habrá inversiones, pero estas no serán a largo plazo, porque estarán presentes mientras que la puerta hacia Estados Unidos este abierta, pero cuando se cierre, los capitales saldrán de poco en poco y el panorama se tornará cada vez más gris para México.
El gobierno mexicano debe entender que no se pueden desaprovechar las oportunidades por implementar una ideología política que claramente no va en el camino de la globalización y el libre comercio.

