Por Víctor Barrera
Claudia Sheinbaum anunció otra nueva etapa de “austeridad franciscana” en el gasto público que significa recorte a los presupuestos de diferentes sectores para cubrir los huecos que se ha empezado a presentar en otros sectores.
Lo preocupante es que este recorte venga en la segunda parte de un año que no ha terminado de despegar y que ha sido impactado por diferentes factores que no han podido ser enfrentados por la falta de políticas públicas.
Nadie podrá negar que el cierre del estrecho de Ormuz elevo el precio del petróleo y sus derivados, pero si en México se cuenta con una gran cantidad de petróleo y por lo menos siete refinerías que bien podrían cubrir el mercado interno, porque no se logra esto.
Y la respuesta es que este gobierno no ha aprendido a administrar la riqueza del país y que es necesario acudir a un recorte presupuestal antes de erradicar esos gastos que mucho daño hace a las finanzas públicas.
Es cierto que eventos externos, como los conflictos bélicos, son elementos de impacto en la economía mundial y nacional, pero esto no debe ser pretexto para esquivar la responsabilidad de planear un trabajo administrativo a favor del crecimiento económico del país y del bienestar social de la población.
Pemex durante muchos años se ha convertido en un lastre más que en un motor de la economía, porque lamentablemente las administraciones federales han convertido a esta empresa en el cajón de donde sacar dinero sin ofrecer explicación alguna, porque lo más importante es inyectar recursos para sanear sus finanzas y que sea el aval para cuando se pida créditos internacionales.
Pero esta empresa ya no está calificada como antes lo estaba, ahora su aval no tiene el valor suficiente para respaldar un crédito financiero, sino ocurre todo lo contrario, ahora es el estado nación que debe ser el aval de la empresa para que esta pueda seguir funcionando.
Si a esto sumamos que una quinta parte del presupuesto se dedica a realizar los pagos de la deuda, los pagos de jubilaciones y pensiones demás de los programas sociales, los recursos restantes para hacer crecer al país económicamente se reducen considerablemente.
Por ello, al momento de establecer presupuestos, sectores como el sector primario, el campo y el secundario, presentan enormes recortes presupuestales que dan como consecuencia una poca productividad. México fue en décadas pasadas el mayor exportador de granos y otros productos agropecuarios. Ahora se ha convertido en el principal importador de estos porque no se produce lo suficiente para cubrir una autosuficiencia alimentaria.
Ha esto sumamos los gobiernos de la 4T se han dedicado a desmantelar organismos de apoyo al campo. El resultado es un futuro del campo cada vez más gris.
En el sector secundario, he señalado en diferentes ocasiones que este no puede activarse porque las modificaciones legales y constitucionales que se han hecho en los últimos siete años plantean un panorama jurídico que no es de interés para los inversionistas.
No se respeta el Estado de Derecho, porque el Poder Judicial toma decisiones políticas y no jurídicas con el objetivo de quedar bien con quien los puso en eso puestos.
Se limitan herramientas para que la gente pueda protegerse ante un abuso de poder y ahora se “congelan” cuentas por presunción de delitos cometidos. Esto no incentiva la inversión y mucho menos capta la atención de un mayor número de inversionistas.
En este contexto, la “austeridad franciscana” tiene otra dimensión, porque será directamente hacia lo población y no al enorme gasto que realiza el gobierno para mantener las obras faraónicas que no han mostrado su utilidad. Y para seguir comprando voluntades con los programas sociales.
Es lamentable ver como los gobiernos están más dedicados a mantener su popularidad, entregando dinero y gastando en obras y eventos sin productividad. Para luego realizar recortes presupuestales que inciden directamente en el bienestar de la población.
Estos recortes significaran menor producción de alimentos, menor capacidad industrial y por supuesto menor crecimiento económico.
El ajuste que se pretende hacer no es preventivo, porque es una respuesta a una falta fiscal para el gobierno, Porque ya no tiene dinero y tendrá que salir de donde sea. Lo malo que no se inyecta en los sectores estratégicos para el crecimiento, sino en los sectores que da popularidad al gobierno.
Esto hace al país cada vez más vulnerable ante cualquier movimiento porque ya no podrá haber una capacidad de maniobra del gobierno y los resultados los resentirá la gente en un mayor desempleo y pobreza.

