Es una gran aportación el rescate que la directora y adaptadora Paola Izquierdo hace de la autora española del Siglo de Oro Ana Caro de Maillén con su obra Partinuplés, publicada en 1653. Reivindica el papel de las mujeres como dramaturgas, donde el punto de vista femenino da un giro brutal a los roles de género y las posibilidades de acción que tienen las (sic) personajes.
En Partinuplés se muestra a una emperatriz que lleva años gobernando Constantinopla (cosa rara que no se plantea en los textos masculinos de la época), y que dentro de los márgenes impuestos tiene que escoger marido -como se lo solicita su pueblo a riesgo de perder su imperio-, pero que es ella quien decide, cómo, cuándo y con quién.
Su prima, no su criada, la conduce y aconseja como a una amiga que escucha y ve por su bien de igual a igual. Ella es hechicera y hace magia para que Rosaura pueda ver a sus pretendientes antes de que se le presenten y escoja un marido que le permita ser libre en una relación de igualdad y complementariedad.
El hecho de que Aldora sea hechicera y la dramaturga recurra a la comedia de magia que tanto gustaba a finales del siglo XVII y principios del XVIII, dota a la obra de un ingrediente de fantasía que se potencia con la imaginación de la directora y el equipo de la obra.
A la dupla de Rosaura y Aldora -interpretada por Micaela Gramajo y Griselda Ashari, respectivamente- se le contrapone la pareja del conde Partinuplés, interpretado por Juan Acosta y su criado -Leonardo Zamudio- , para construir una divertida comedia de enredos, donde ellas son las que llevan la delantera definiendo su destino y el de los demás.
Parece que la elección de marido se da de igual manera que en Examen de maridos, de Juan Ruiz de Alarcón, pero aquí no es el padre el que deja dicho qué debe de hacer ella, sino que ella urde el plan junto con su prima. Los candidatos se reducen a cuatro: Eduardo de Escocia, Roberto de Transilvania, Federico de Polonia y el conde Partinuplés, del cual queda prendada desde el inicio, pero que ya está comprometido con la princesa de Francia. La postura crítica de la directora hace que los candidatos sean chuscos, a veces ridículos y simpáticos también.
La dirección toma elementos del clown y de la comedia de equivocaciones; utiliza gags cómicos a través de las acciones físicas y la exageración de comportamientos, para volver graciosas las situaciones dramáticas que se van presentando. Las actrices y actores responden al llamado de la comicidad con gran capacidad, matizando, empatizando y divirtiendo a los espectadores. Ellos también se divierten y nos contagian el juego en el que estamos metidos. Los personajes cumplen sus roles, y el espectador asume la convención de que sean sólo cuatro actores representando a casi 15 personajes, sin importar que lo hagan las protagonistas.
El espacio escénico es muy ingenioso, pues -imagina la directora con el diseño de escenografía e iluminación de María Vergara- que los personajes se mueven entre las hojas escritas por la autora Ana Caro de Maillén. En las mamparas -que acotan muestrean y ocultan-, vemos muchas letras escritas con la caligrafía de la época, parlamentos, títulos y escenas, y en varios momentos los personajes muestran un libro tridimensional, como si de ahí saltaran los personajes al escenario.
El texto original de Ana Caro de Maillén, pensado para la escena, contiene muchas acotaciones y movimientos de tramoya, trucos de magia y juego de espacios (interiores y exteriores) que la puesta en escena resuelve con creatividad. Utiliza el teatro de sombras y elementos fantasiosos a partir de recursos sencillos como una luz roja como si se activara una varita mágica, unas capas con motivos iguales que las mamparas para simular que los personajes no se ven y las cosas vuelan, aparecen y desaparecen o comida de plástico aparentando ser verdadera.
Así como la dramaturga ubica la historia en el medioevo y mezcla mitos griegos como el juicio de Paris o el mito de Psique y Cupido, la puesta en escena conjunta música de época y contemporánea, clásica y popular. La música original de Analí Sánchez Neri se complementa con la adaptación del texto, donde se combinan el verso bien construido con el verso libre o la palabra llana. La directora y adaptadora se da la libertad de hacer una declaración de principios, dejar un final abierto y agregar chascarrillos que aderezan esta comedia que se presenta en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de Teatro UNAM.
Ahí, junto con un sólido equipo creativo y actoral, nos hacen adentrarnos en una obra del Siglo de Oro español, pero con una visión femenina de avanzada, escrita por una andaluza en una época donde difícilmente las mujeres lograban sobresalir, y que gracias a investigaciones y la labor de la obra Partinuplés conocemos, nos sorprendemos y salimos felices de haber experimentado una comedia que habla de mujeres del medioevo, valientes, tenaces y que, sea como sea, deciden sobre su destino.

