Noruega quedó a unos centímetros de escribir la página más grande de su historia mundialista. Ganaba, controlaba el partido y acariciaba el descanso con ventaja cuando una jugada que reclamó durante varios minutos cambió el rumbo de la noche. Los escandinavos aseguraron que el balón había golpeado uno de los cables de la cámara aérea antes de que Inglaterra recuperara la posesión; el árbitro dejó seguir la acción, el VAR no intervino y, segundos después, Jude Bellingham marcó el empate que mantuvo con vida a los Tres Leones.
La discusión no terminó con el silbatazo. Horas después, la FIFA explicó que el sensor instalado en el balón no detectó contacto alguno con el cable, por lo que respaldó la decisión arbitral. Para entonces, Inglaterra ya había encontrado el camino hacia las semifinales.
El conjunto de Thomas Tuchel terminó imponiéndose 2-1 en tiempo extra gracias a otro gol de Bellingham, quien aprovechó un rebote del portero Ørjan Nyland para acabar con la resistencia noruega y clasificar a su selección entre las cuatro mejores del Mundial.
Los 64 mil 478 aficionados que colmaron el Estadio Miami soportaron una temperatura cercana a los 34 grados y una sensación térmica superior a los 40. La humedad hacía pesada la respiración, pero ninguna de las dos selecciones administró el esfuerzo. Cada pelota dividida se disputó con el cuerpo por delante y cada carrera exigió una más para regresar.
La intensidad también bajó desde las tribunas. Los aficionados ingleses cantaron con las manos levantadas, mientras los noruegos respondieron con su grito vikingo. Desde sus lugares, movían los brazos como si remaran dentro de una embarcación y terminaban la secuencia con un aplauso seco y un rugido que recorría el estadio.
Antes del inicio, el sonido local pidió un minuto de silencio por el fallecimiento de Jayden Adams, mediocampista de la selección de Sudáfrica que participó en esta Copa del Mundo y cuya muerte, a los 25 años, fue informada horas antes del encuentro.
Cuando el balón comenzó a rodar, Inglaterra intentó imponer condiciones mediante la posesión. Harry Kane apareció en la alineación como centro delantero, pero abandonó constantemente el área para recibir en medio campo y distribuir hacia Anthony Gordon y Noni Madueke. Bellingham ocupó el espacio que dejaba el capitán y atacó el área como un segundo delantero.
Noruega no persiguió a los ingleses hasta su propia salida. Esperó a partir del medio campo, cerró los espacios interiores y confió en la altura de Kristoffer Ajer y Torbjørn Heggem para rechazar los centros. Los defensores escandinavos se impusieron tanto en el juego aéreo como cuando Kane intentó recibir de espaldas.
Las ocasiones tardaron en aparecer. Inglaterra circulaba el balón de un costado al otro, pero no encontraba profundidad. Noruega defendía sin desesperarse y aguardaba la oportunidad para correr hacia el arco de Jordan Pickford.
Kane tuvo el primer intento claro al minuto 25, mediante un tiro libre en los linderos del área. Su disparo tomó demasiada altura y pasó lejos del arco de Nyland. De inmediato llegó la pausa de hidratación. Los jugadores caminaron hacia las bancas y buscaron aire antes de regresar al césped.
El descanso favoreció a Noruega. Al ritmo de los tambores de sus aficionados, los vikingos adelantaron líneas y comenzaron a encontrar espacios por los costados.
Julian Ryerson, quien había contenido los desbordes de Gordon, se proyectó por la banda derecha al minuto 35 y mandó un centro hacia Haaland. El delantero se elevó entre los centrales y conectó un cabezazo que Pickford atrapó cerca de la línea.
Dos minutos después, Noruega recuperó la pelota en medio campo mientras varios jugadores ingleses se detuvieron para reclamar una supuesta falta sobre Kane. Andreas Schjelderup continuó la jugada, levantó la mirada y envió con la zurda un disparo que parecía centro. La pelota tomó dirección al arco, golpeó el poste y terminó dentro de la portería.
Pickford siguió la trayectoria sin alcanzar a reaccionar. Schjelderup corrió hacia una esquina, mientras sus compañeros lo perseguían y la tribuna noruega repetía el movimiento de los remos. Los escandinavos estaban arriba 1-0.
Inglaterra tardó algunos minutos en recuperarse. Perdió precisión, permitió que Martin Ødegaard tuviera mayor contacto con el balón y comenzó a mostrar espacios entre sus líneas. Noruega atravesaba su mejor momento cuando Bellingham volvió a hacerse cargo del partido.
En el tiempo agregado de la primera mitad, el número 10 recibió cerca de la media luna. Protegió la pelota ante la marca, giró hacia su pierna izquierda y sacó un disparo cruzado que dejó sin oportunidad a Nyland. El 1-1 silenció por unos instantes a los noruegos y devolvió la voz a los ingleses.
Los jugadores vikingos rodearon al árbitro. Reclamaron que, antes de la recuperación inglesa, la pelota había golpeado uno de los cables de la cámara aérea. La acción no fue revisada y el gol se mantuvo. Más tarde, la FIFA informó que el sensor instalado en el balón no registró ningún contacto capaz de modificar su trayectoria.
Inglaterra todavía tuvo tiempo para mandar otra vez la pelota a la red. Kane escapó entre los centrales y definió con un toque elevado ante la salida de Nyland, pero el asistente levantó la bandera. El VAR confirmó el fuera de juego y ambas selecciones se marcharon al descanso con el empate.
La segunda mitad fue de Noruega. Ødegaard comenzó a gobernar el mediocampo y Haaland retrocedió algunos metros para intervenir en la construcción de los ataques. Cada vez que recibió, dos ingleses se acercaron a custodiarlo, lo que abrió espacios para Schjelderup y Alexander Sørloth por los costados.
Al minuto 55, Miami volvió a escuchar el grito noruego. Heggem apareció dentro del área y mandó el balón al fondo de la portería. La celebración duró poco. El VAR detectó una falta previa de Haaland sobre Elliott Anderson y el árbitro anuló el tanto.
Los escandinavos protestaron, pero no se desordenaron. Continuaron empujando a Inglaterra hacia su propio campo y obligaron a Declan Rice y Anderson a correr detrás del balón. Los Tres Leones atravesaron largos pasajes sin encontrar a Kane y dependieron de las conducciones de Bellingham para abandonar su terreno.
Noruega estuvo cerca de recuperar la ventaja al minuto 75. Un centro desde la derecha encontró un remate de cabeza que superó a Pickford, pero la pelota golpeó el travesaño. El portero inglés quedó inmóvil antes de girar y comprobar que el balón no había cruzado la línea.
El metal que había acompañado a Schjelderup en el primer gol ahora impedía que Noruega se colocara nuevamente arriba. Los vikingos siguieron intentando, aun cuando el cansancio comenzó a reducir la velocidad de sus regresos. Inglaterra respondió con ataques aislados, pero tampoco encontró el remate que evitara la prórroga.
En el tiempo extra, las carreras se hicieron más cortas y los espacios más amplios. Noruega ya no pudo presionar con la misma coordinación e Inglaterra encontró metros para aproximarse al área de Nyland.
Morgan Rogers recibió fuera del área y probó con un disparo lejano. El portero noruego alcanzó a rechazar, pero no logró sujetar la pelota y dejó el rebote en el centro. Bellingham reaccionó antes que los defensores, llegó al balón y lo empujó a la red.
El mediocampista corrió hacia la tribuna inglesa con los brazos abiertos. Detrás de él, Nyland permaneció unos segundos de rodillas. El error que había intentado evitar durante más de 90 minutos terminó por dejar a Noruega fuera del Mundial.
Los escandinavos todavía buscaron el empate. Colgaron balones hacia Haaland y Sørloth, adelantaron a sus centrales y disputaron cada rebote dentro del área inglesa. Pickford salió a cortar los centros, Stones rechazó por arriba y Rice se arrojó al césped para cerrar los últimos disparos.
El silbatazo final dejó a varios noruegos tendidos sobre el campo. Haaland caminó hasta Kane y lo abrazó antes de dirigirse hacia una tribuna que continuó aplaudiendo. Noruega se marchó en cuartos de final, la instancia más lejana que ha alcanzado en una Copa del Mundo.
Inglaterra regresará a una semifinal por primera vez desde Rusia 2018. Enfrentará el miércoles 15 de julio, en Atlanta, al ganador del partido entre Argentina y Suiza. En caso de que La Albiceleste avance, se verá la cara ante los ingleses por sexta ocasión en la historia mundialista con el recuerdo imborrable dela derrota 2-1 en cuartos de final con la llamada “Mano de Dios” y “Gol de siglo” de Diego Maradon.

