Trump elogia su “amistad verdaderamente grande” con Xi Jinping

El presidente Donald Trump elogió el jueves la “amistad verdaderamente grande” que ha forjado con Xi Jinping mientras el líder chino iniciaba su muy esperada visita de Estado.

Aunque el mandatario republicano tiene muchos asuntos difíciles que abordar con el presidente del mayor rival económico de Estados Unidos, se centró en su larga relación con Xi mientras ambos se reunían con asesores para hacer comentarios iniciales antes de las conversaciones formales.

“Desde el momento de mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad, una amistad verdaderamente grande en realidad, construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos”, dijo Trump.

A ambos mandatarios no les faltarán asuntos difíciles que abordar cuando se sienten a conversar en privado.

China se ha resistido a las presiones —y amenazas económicas— del gobierno de Trump para que use su considerable influencia a fin de empujar a Irán a aceptar las condiciones de Estados Unidos para poner fin a la guerra de casi siete meses. Xi quiere que Trump detenga de manera permanente las ventas de armas a Taiwán y flexibilice las restricciones de exportación sobre chips avanzados de última generación. Ambas partes acordaron el miércoles extender por dos meses una tregua comercial de un año que estaba prevista para expirar el 10 de noviembre, mientras trabajan para encontrar un acuerdo más duradero.

El presidente chino dijo en sus comentarios al llegar que la “competencia debería ser saludable y debería mantenerse dentro de límites”.

“Debería ser una carrera de ponerse al día el uno con el otro, no una lucha en la que uno gana o pierde”, añadió Xi.

Xi también anunció que China invitará a 100.000 jóvenes estadounidenses a ir a su país para realizar estudios e intercambios en los próximos cinco años y que China enviará dos pandas al zoológico de Atlanta. Calificó a los queridos animales como “enviados de amistad”.

Mientras tanto, ambos líderes parecen creer que el tiempo juega a su favor, mientras buscan superar al otro en lo que se espera sea la competencia económica y de seguridad nacional más importante del mundo durante los próximos años.

El presidente estadounidense afirmó el jueves, en una publicación en redes sociales, que la inteligencia artificial —“superinteligencia”, como intenta rebautizarla— será uno de los temas principales de la agenda, en medio de una creciente ansiedad global de que la tecnología elimine empleos o incluso pueda llegar a aniquilar a la humanidad.

“Quiero dejarla exactamente como está”, escribió Trump. “Esa es también la postura de China”.

Xi también abordó la IA en sus comentarios iniciales, diciendo que ambos países tenían la responsabilidad de garantizar que esa tecnología siempre sea manejada por humanos.

“Ambos tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA para el bien y garantizar que un desarrollo de la IA esté siempre bajo control humano y sirva al bienestar del pueblo”, dijo el líder chino.

Los ministros de finanzas de ambos países se reunieron a principios de esta semana, y Estados Unidos propuso un nuevo “mecanismo de notificación” para incidentes de IA entre ambas naciones.

El mandatario republicano ha dejado claro que quiere impresionar a Xi con la visita. Se aseguró de que la construcción de una nueva plataforma de aterrizaje para helicópteros en el Jardín Sur de la Casa Blanca estuviera terminada antes de la visita, y se reunió con Xi y su esposa, Peng Liyuan, el miércoles por la noche cuando llegaron en avión a la Base Conjunta Andrews, a las afueras de Washington.

Trump se ha lamentado de que el salón de baile que planea para la Casa Blanca no esté listo para la cena de Estado en honor de Xi el jueves por la noche.

Ese evento de etiqueta se celebrará en la Sala Este de la Casa Blanca, con una decoración que “se inspira en la arraigada importancia cultural del color rojo a lo largo de la historia china”, según la primera dama Melania Trump.

La cena comenzará con un brindis en honor al histórico “Brindis por la Paz” entre el presidente Richard Nixon y el primer ministro chino Zhou Enlai, realizado en 1972 en Beijing.

La lista de invitados incluye a Jeff Bezos, de Amazon, Jensen Huang, de Nvidia y Mark Zuckerberg, de Meta, entre otros titanes tecnológicos que actualmente toman posturas sobre si se necesitan más salvaguardas en la carrera por desarrollar inteligencia artificial.

Pero la decisión de Trump de desplegar la alfombra roja para Xi ha provocado críticas de legisladores de ambos partidos y de algunos aliados de la Casa Blanca.

“Francamente, si la Casa Blanca me hubiera pedido consejo, yo habría sugerido que el presidente no invitara a Xi Jinping a Washington para una bienvenida tan fastuosa aquí en Estados Unidos, dadas todas las cuestiones preocupantes que tenemos con el presidente Xi y el Partido Comunista Chino”, manifestó el senador republicano por Mississippi, Roger Wicker.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que Trump y Xi podrían estar abiertos a un nuevo “mecanismo de notificación” para incidentes de IA que pudieran afectar la seguridad nacional. Pero en materia de IA y una larga lista de asuntos espinosos, sigue sin estar claro si los líderes pueden lograr avances.

Poco después de la llegada de Xi a Washington, Bessent anunció en Fox News que ambas partes habían llegado a un acuerdo para extender la tregua comercial, forjada el año pasado en Corea del Sur. Indicó que es posible que Trump y Xi alcancen un acuerdo más amplio para enero o que simplemente decidan volver a extenderla.

Trump y Xi, desde luego, tienen incentivos para mantener viva la tregua.

El Partido Republicano de Trump enfrenta vientos en contra mientras intenta mantener el control del Congreso en las elecciones de mitad de mandato, que tendrán lugar en noviembre, y difícilmente puede permitirse una mayor disrupción económica. Mientras tanto, Xi navega una economía china irregular, en la que su economía interna tiene dificultades, mientras sus exportaciones de alta tecnología se mantienen fuertes.

Los aranceles base máximos de Estados Unidos alcanzaron el 145% durante la batalla comercial del año pasado, igualados por gravámenes recíprocos de China del 125%. Después de que Trump y Xi se reunieron en Corea del Sur el año pasado, la tasa arancelaria promedio de Estados Unidos cayó a aproximadamente el 47%, mientras China cobró un promedio en torno a 35 puntos porcentuales. Pero en febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos anuló muchos de los gravámenes de Trump, lo que hizo que los impuestos sobre los bienes chinos tuvieran más variación.

La medida provisional anunciada por Bessent fue más corta de lo que ambas partes habían sugerido en semanas recientes. La parte china había indicado que quería que la tregua comercial se extendiera hasta el final del mandato de Trump en enero de 2029.

Mientras tanto, funcionarios del gobierno de Trump habían sugerido una extensión de tres a seis meses como un plazo más apropiado, porque China no ha cumplido con celeridad compromisos anteriores sobre exportaciones de tierras raras, así como importaciones de soya y aeronaves de Estados Unidos.

Trump ha sostenido, con poco efecto, que China —mucho más dependiente del petróleo del golfo Pérsico que Estados Unidos— tiene suficientes incentivos para usar su influencia con Teherán y ayudar a forzar el fin del conflicto.

Pero la guerra elegida por Trump ha inquietado a Beijing; el gobierno ha condenado la acción militar de Estados Unidos e Israel y Xi ha expresado preocupaciones de que el conflicto señalara un regreso a lo que llamó la “ley de la selva”.

A los chinos también les inquietó la operación militar que Trump ordenó para sacar del poder al presidente venezolano Nicolás Maduro y trasladarlo a Nueva York para enfrentar cargos federales de narcoterrorismo y tráfico de drogas.

China ha dejado claro que considera a Taiwán el asunto más sensible en la relación entre Estados Unidos y China.

Beijing considera a Taiwán territorio chino y promete anexar la isla por la fuerza si es necesario. Estados Unidos está obligado por ley a proporcionar a Taiwán suficiente equipo para disuadir cualquier ataque armado desde el continente.

China ha presionado a Washington para detener de manera permanente las ventas de armas, de forma más destacada cuando Trump y Xi se reunieron en Beijing en mayo.

Después de esa reunión, Trump anunció que pospondría la aprobación final de un paquete de armas récord de 14.000 millones de dólares que estaba en trámite. También describió las ventas de armas a Taiwán como una “muy buena ficha de negociación” con China.