La terca realidad que se impone ante las diversas ocurrencias y decisiones de la 4T

Por Víctor Barrera

Cada día nos despertamos con noticias que comprueban que las ocurrencias del régimen autodenominado la 4T ha salido muy costoso a México. Aun  es todavía muy difícil cuantificar el daño que se ha ocasionado a nuestro país, porque probablemente seguirán saliendo muchos errores, es importante señalar que estamos peor que cuando se señalaba que estábamos peor.

Podríamos empezar con la apertura que se dio a las organizaciones criminales en nuestro país, la cual aprovecharon para dominar más de unan tercera parte del territorio general, a través de sus grupos armados o con la oportunidad que se les dio de negociar con la clase política, no solo para financiar algunas campañas políticas sino poner a quienes ellos veían como maleable para llevar a cabo sus negocios ilícitos.

También es difícil el daño al sistema educativo, porque hasta ahora no tenemos las herramientas para calificar específicamente el avance o retroceso de este sistema que impacta directamente a las nuevas generaciones, lo que es cierto es que en las mediciones que hacen organismos internacionales en calidad educativa, nuestro país se ubica en los últimos lugares.

En temas económicos, el dispendio que se ha hecho de la riqueza del país a través del gasto público con proyectos de infraestructura que son más improductivos que de beneficio y que aún sigue costando al erario público suman billones de pesos. Aqui se incluyen los programas sociales, que insisto no aportan nada para la movilidad social de la gente, porque ahora hay mas gente con carencia y pobreza que los años donde los neoliberales administraban el país.

Pero también ante la idea de que el sector energético es de seguridad nacional las perdidas han sido onerosas. Hoy no queda más que suponer el escenario la contra reforma al sector energético aprobada en los tiempos del régimen de la 4T, ha dejado más daño que beneficio. Así lo muestran la cantidad enorme de dinero que se ha inyectado a empresas como Pemex y CFE y los resultados negativos que hasta ahora han dejado.

Esto ha dejado a Pemex como el principal riesgo para las finanzas públicas que de no hacer nada para evitar esto, en los próximos meses México podría perder la calificación de país confiable para los inversionistas, esto a través de las calificadoras internacionales.

Esta contra reforma solo comprobó que los gobierno no son buenos administradores y se le permitió a muchos funcionarios enriquecerse a costa de todos los mexicanos. El caso más emblemático es el huachicol fiscal que involucra a grupos del rimen organizado y funcionarios públicos.

La escas altura de miras de un líder político que se movió encubierto en la capa de la soberanía y seguridad llevo a las finanzas públicas a estar altamente comprometidas y con ello reducir la cantidad de recursos para la reactivación de los motores del crecimiento económico.

El gobierno actual, que es la continuidad de la 4T, empieza a resentir la verdadera “maldita herencia” que su antecesor le dejó y ahora deberá buscar la estrategia adecuada para enderezar algo que en tan solo seis años se deformo y no pone con un nivel alto de endeudamiento.

Sin duda alguna ha sido el Estado mexicano, emanado de la 4T, el que ha erosionado su propia capacidad de respuesta ante los acontecimientos externos y que colocan a la población en una situación difícil. Pemex fue durante muchos años un baluarte para las finanzas públicas ahora se ha convertido en un pesado lastre que sigue siendo autosuficiente.

Y aunque en la presenta admiración, exista gente que ve la oportunidad de que el sector energético vuelva a ser un baluarte, el margen político para cambiarlo es reducido ante una ideología que cargan la mayoría legislativa creada por el yugo del oriundo de Macuspana sobre su pensar.

La crisis de confianza en el país que se vive actualmente ha impedido que los inversionistas vean la enorme oportunidad de México para hacer crecer sus capitales, porque se obstruye la visión ante una faltade respeto al Estado de derecho, una corrupción cada vez más enraizada en la estructura de los tres niveles de gobierno.

Y aunque con discursos populistas se intente cambiar la percepción de la gente, la terca realidad siempre sale a flote y muestra que a México le urge un cambio radical sobre el caminó que se ha tomado.

México mantiene la capacidad de enfrentar los retos que se le presentan, pero solo es cuestión de voluntad política e ideológica para mirar más allá de un mundo anacrónico que hasta ahora se buscado imponer. Un gobierno paternalista, un sector energético administrado solo por el gobierno y un despilfarro de recursos, que por supuesto incluye los programas sociales para compartir las culpas en caso de que no haya soluciones a los problemas.