Bear (Michael Johnston) trabaja en una tienda de música, enamorado de Mikki (Inde Navarrette), compañera de trabajo, y aunque son amigos desde la escuela, no se atreve a declararse. Practica la escena con un amigo pero se cohíbe en el último momento, hasta que un día activa una ramita mágica de sauce que compró en una tienda de regalos; el deseo de que Mikki lo quiera más que a nadie se cumple… así se desata la peor pesadilla.
La premisa de Obsesión (Obsession; Estados Unidos, 2025) parte de un lugar común del cine de horror: Cuidado con lo que deseas. Pero el joven director de 27 años, Curry Barker, celebridad del YouTube, la lleva hasta sus últimas consecuencias, la convierte en una metáfora inagotable de las fantasías de una relación que aspira a significar todo para el otro, y en el fondo, convertirlo en un esclavo. El amuleto funciona como una especie de llave que abre las puertas del infierno, del cual no hay escape.
Sorprende la profundidad que logra Barker en el desarrollo de sus personajes, con un par de estupendos actores a los que lleva a explorar su propio abismo; él, Bear, de un joven tímido, a tono con el hombre vulnerable a tono con la era del MeToo (aparentemente, porque en el fondo es un tipo narcisista incapaz de hacerse responsable del efecto que provoca en Mikki). Como declara el actor, su reto habría consistido en deslizarse de ser protagonista a convertirse en antagonista velado. En cuanto a Mikki, pese los desplantes inesperados, a la monstruosidad que se apodera de ella, nunca pierde el respeto del espectador, que sabe que hay algo que la posee, de lo cual es víctima, metafóricamente: el deseo de Bear sobre ella. Las escenas de intimidad entre ambos son las más terroríficas.
Habría resultado fácil que Obsesión derrapara en la misoginia disfrazada del tipo víctima de una atracción fatal como la clásica cinta de los años 80; el mensaje, la lección, afortunadamente, se deduce del rigor implacable con el que Barker convierte los resortes del género de horror en expresiones de la psique de sus personajes; así, la idea romántica de tener a Mikki dispuesta sólo para él, además del egoísmo y postura narcisista que esto implica, muestra la lucha interna de ella por liberarse del yugo, postura esquizofrénica entre cumplir con el rol y hacerle pagar el costo de ese sometimiento.
Inde Navarrette actúa a una especie de Linda Blair (El exorcista), sin efectos especiales, sólo gestos, risa, un poco de sangre por los excesos cometidos; excepto el giro mágico, el realizador se mantiene en piso de realidad, y de ahí deriva el horror. Lo demás son efectos de luz, reacciones inesperadas, carcajadas escalofriantes, mandíbulas distendidas.
Curry Barker se asume como un fanático del cine de horror, un verdadero especialista, casi siempre exasperado con esas películas que nunca cumplen lo que prometen, noción contra la que se mantuvo alerta en esta película, sin tener miramientos para con su espectador; una vez que se desatan los demonios, cada paso, cada escena, cada diálogo conduce al horror.
Obsesión es un trabajo realizado por un joven con un grupo de jóvenes, actores y equipo de rodaje, capaces de asumir riesgos que no sólo permiten los grandes inversionistas, incluso los consagrados. Se trata de la cinta que ellos querían ver, en la que se querían reconocerse a sí mismos, una revelación para el público más adulto, fogueado en el cine de décadas como los setenta y ochenta, cansado de efectos especiales y de la pérdida de sustancia en este género. Lo más espantable de Obsesión es que el llamado gore, aquí muy dosificado, se siente real.
Para evitar la clasificación “Sólo adultos”, Barker sacrificó varias escenas; habrá una edición completa para verlas.

